miércoles, 15 de noviembre de 2017

Shiina Ringo - Kalk Samen Kuri No Hana (2003)


JORGE: 我々は途中にいる! Que significa cosas que podéis buscar en Google Translate. Y ahora permitiré a Álvaro insultarme antes de presentar esto.

ÁLVARO: Cantamañanas. Hala, prosigue.

J: Bueno, pues a mitad del Japomés, día arriba día abajo, retomamos el camino de las críticas femeninas con una señora cuyo nombre nadie se pone de acuerdo en cómo romanizar. La llamaremos Shiina Ringo, porque sí, y desentrañaremos los secretos de este su tercer álbum, Kalk Samen Kuri No Hana, que significa algo mucho más weirdo que lo que he blasfemado antes. You move.

A: Parece que estemos jugando al ajedrez. La gente tampoco se pone de acuerdo en cuanto a cómo romanizar el nombre del álbum, pero hemos decidido adoptar ese título porque sí. Porque nos apetece. En Spotify, por ejemplo, se puede encontrar como Karuki Zahmen Kuri No Hana - Kalk Samen Chestnut Flower. En plan vamos a combinar ya todo locamente y que salga lo que tenga que salir. Que por otra parte es una buena manera de definir el disco en sí.
J: La cosa es que aquí la combinación es un tanto excesiva en el título mismo: “Kalk” es “cloro” en alemán, “Kuri no Hana” es “flores de cerezo” en japonés, y “Samen” es lo que estáis pensando si cambiáis la “a” por una “e”. Wikipedia dice algo de conversaciones de amigos de esta señora sobre a qué huele dicha cosa. Mira, no voy ni a preguntar si es verdad. Pero bueno, “combinar todo locamente” es una buena definición para un disco que es, básicamente, eclecticismo en estado puro. Muy llevadero, eso sí.

A: Es sorprendentemente llevadero, como dices. Lo que la fabulosa Shiina Ringo hace aquí es mezclar influencias pop, jazz, rock, experimentación extraña, algo de orientalismo, e instrumentos que a nadie jamás se le ocurriría utilizar en un disco normal. Tenemos en nuestras manos un disco tan original que es casi excesivo. Cada segundo está absolutamente recargado de música, y esta densidad, que en otros discos menos cuidados podría haber sido insufrible, es aquí como una golosina que no cansa nunca. ¿Cuál es tu golosina favorita, Jorge? ¿Los ositos? ¿Las coca-colas? ¿Tal vez el huevo frito?

J: Las coca-colas con un ligero toque de pica-pica. Aunque si hablamos del disco más concretamente quizás pensaría en el segundo tema, “ドッペルゲンガー” (“Dopperugengā”), una siniestra ¿balada? con mucha distorsión, sintetizadores, voces que vienen de algún pueblo fantasma y constantes opuestos en la curiosa letra. Y que, efectivamente, está recargada a más no poder. Pero bueno, qué esperar de un disco donde encuentras instrumentos que van desde el mellotron a la aspiradora, pasando por la zanfona.

A: Yo no voy a utilizar la nomenclatura kanji ni romaji ni leches en vinagre porque es superior a mis fuerzas. Ya hice la imagen de arriba y he tenido suficientes garabatos por este mes. Dicho esto, “Doppelganger” es extrañísima como dices. De esa experimental estrofa, casi Björkiana, al demencial estribillo que es casi como uno de esos dibujos animados que causan epilepsia hecho música. Aun así, creo que la canción que más me llamó la atención, cómo no, es la primera, “Shuukyou”. Lo que pasa en los cinco minutos de este tema es suficiente para carreras enteras. La disonancia orquestal del principio, esos versos ultracreepy como solo Japón puede hacerlo, la distorsión del estribillo, la bucólica sección de después. Alguien que he leído lo define como un buffet libre. Y puedes comer hasta reventar.

J: Un poco sí. De ese tema que abre, una vez leídas las traducciones de las letras, me sorprende muchísimo el nivel lírico que alcanza esta chica, que a veces no sé ni si entiendo, y cuando lo hago no sé si quiero hacerlo. Los primeros versos son algo así como “Que alguien me traiga caramelos deliciosos; / el veneno basta, asumo que son mentiras. / Si es posible, querría algo dulce: / ya lo pagaré luego, las caries no me importan”. O sea, qué. Pero bueno, creo que es la primera mitad del disco, no solo esta apertura, la que llama la atención más, con diferencia: de las dos ya mentadas al ritmo tan de los años 40 de "迷彩" ("Meisai"), a la que sigue la mucho más dulce balada "おだいじに" ("Odaiji ni"), que es casi una nana, aunque no abandone cierta distorsión en las guitarras y tono un tanto creepy. Y  bueno, luego está el quinto tema, "やっつけ仕事" ("Yattsuke Shigoto"), que es básicamente música de ascensor por algún motivo que aún no comprendo.

A: “Yatsutsuke Shigoto” (me gusta escribir las cosas como me apetece, o como viene en Spotify por lo menos), es casi hilarante. Esos vientos en plan Tom y Jerry, el ritmo discotequero, es una delicia. Pero sí, algunos temas de la segunda mitad son “casi convencionales”. “Kuki” es un tema bastante cinematográfico, por ejemplo, con mucho piano y unos tambores militares porque sí, supongo, pero relativamente normal para los estándares anteriores. “Okonomi De”, por su parte, es prácticamente beatlesco, dentro de lo que cabe. Y sí, lo que dices de las letras es cierto. Creo que usó una forma del japonés algo anticuada, o algo así, y la cantidad de doble sentidos y matices que tienen las letras es impresionante. Me han dicho, vamos, no tengo yo pajolera idea de japonés. Pero me parece un idioma francamente interesante, con tanto significado en tan pocas sílabas.

J: “Kuki” está entre mis canciones favoritas del álbum, aunque es de las menos extravagantes (recargada es un rato, pero no tan alocada como otras), entre otras cosas por tener un verso que me resume muy bien el conjunto: “Reality is a dream”, que es un poco lo que siento escuchando a Shiina Ringo (como decíamos la semana pasada con Fishmans, solo que esto es un sueño más surrealista y menos natural, o algo). En cuanto a lo de japonés, comparto el desconocimiento y el interés. Añado que, además, me parece un idioma con un sonido precioso. Incluso cuando se usa para mandar a la mierda a la gente, como en "とりこし苦労" ("Torikoshi Kurô"). Y aún quedan algunos temas por delante, y sonidos de grillos por detrás, pero he de confesar que “Kuki” es el último tema que he logrado escuchar con verdadera atención en todos los repasos del disco. Después del mismo hay algo que me hace apagar un poco el interruptor mental. La sobrecarga sónica, quizás.

A: A mi francamente se me va la flapa un poco con el disco, porque si ya tiene este síndrome de déficit de atención de serie, me es imposible a mi prestársela más de un rato. Aunque lo disfruto enormemente, porque es divertidísimo. Por finiquitar las canciones que nos quedan, tenemos el vals de tiovivo de “Poltergeists”, la también prácticamente coherente “Ishiki”, salvo por los didgeridoos, y el tema final que me parece también excelente, “Souretsu”, una genialidad de reminiscencias indias y que pega un petardazo al final con un revientatímpanos de feedback, batería, órgano y qué se yo, que me parece genial. Ojalá todos los álbumes terminaran así, con ruido a lo bestia en tu cara y de gratis. Desde luego, es un disco que no va a dejar a nadie indiferente porque si te cansas de lo que está sonando, en veinte segundos va a estar sonando algo totalmente diferente. 

J: “Ishiki” tiene una instrumentación apasionante, además de ser muy pegadiza. Y sí, termina con un bombazo a cara perro el disco, salvo por la edición en vinilo, que cierra con "映日紅の花" ("Ichijiku no Hana"), una balada dominada por un piano y por la voz de Shiina, al más puro estilo de algunas cantautoras intimistas que ya hemos ido reseñando por aquí. La verdad es que casi agradezco ese cierre frente a toda la locura anterior, porque supone un contrapunto sutil pero descansado. O sea, el disco son 45-50 minutos, pero es tan intenso que parecen horas. No sé si el resto de su carrera (aunque creo este fue el último disco en solitario que sacó en una temporada, pues pasó a liderar la banda Tokyo Jihen poco después, antes de volver a su independencia) será así, pero madre mía, qué viaje.

A: A Tokyo Jihen los tengo que escuchar todavía, pero me dicen que están bien así que tendré que ponérmelos pronto. Y sí, es un viaje muy agitado, para el que recomendamos que se pongan todos los cinturones. Bueno, creo que poco más quedaría que añadir. Es un disco difícil de describir porque la música es más densa que cualquier texto que se pueda intentar aproximar a explicar lo que está sonando. Así que hay que probar. Y notas, vamos con las notas.

J: Pues, pues, pues. Yo creo que le voy a dar un comedido 8. No es la gran cosa, pero tampoco está nada mal. Originalidad e intensidad a chorros, pero quizás demasiada como para que el conjunto sea tan disfrutable como podría llegar a serlo. Tú qué. Con tus simbolitos raros, que pareces egipcio.

A: Otro mes será el egipciomés. O algo. Pero de momento no. Yo le doy un 8 también, pero con el importante caveat de la carita sonriente (). Que significa que hay que oírlo porque me hase felis. Qué contento estoy con mi sistema de puntuación, y con este disco también. ¿Algo más?

J: Es todo tan bonito. Nada más, por mi parte. Ahora, el consabido cierre-grito-loa de cosas. Tuyo es. Adelante.

A: Qué viva Almaia, hombre ya.

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