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lunes, 19 de enero de 2015

El Danubio azul, op. 314, Johann Strauss II



En la sección de música clásica del blog estaba cantado que esto iba a aparecer algún día. Y más por estas fechas fresquitas que invitan a escuchar valses que evocan a temperaturas más heladas que el culo de un pingüino. Si habéis ido en vuestra vida a algún concierto clásico, es probable que la hayáis escuchado; si algún día de Año Nuevo habéis tenido la valentía de levantaros a una hora temprana y posteriormente habéis sintonizado TVE, también.

Y es que el Danubio azul es el vals por excelencia, el más bailable, el más pegadizo, el más utilizado hasta la saciedad en películas, sketches, series y lo que se precie. Algo que está muy justificado, ya que como pieza musical es la caña... también es pomposa, sí, pero en este caso su pomposidad es extremadamente disfrutable, eh. ¿Si no, cómo se explica que no os la podáis quitar de la cabeza cada vez la escucháis?


domingo, 13 de octubre de 2013

Danza húngara nº 5, Johannes Brahms


Saludos, humanos, semihumanos y demás especies que pueblan el ancho mundo. Hoy Rockrítico está de enhorabuena, y la música en general también. Por aclamación popular (y la de Spartan George, que sólo sabe escuchar cosas buenas) me he puesto el traje, la corbata y los mocasines porque BRAHMS HA LLEGADO A LA CIUDAD. Y con él una de las piezas más sencillas, cortas y magníficas de la historia de la Humanidad. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la quinta de sus Danzas Húngaras. Auf. ¿Cómo he tardado tanto en publicar esto? Merezco morir.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

L'Arlesiénne, Suite nº 2, Georges Bizet




El veranó terminó, el estudio comenzó y la vida se volvió pedante y soporífera. Pero el calor no cesa, eh. Tenemos unos "agradables" 30 ºC en la capital y la brisa brilla por su ausencia. Y en este completo estado de cuasi locura, ¿qué mejor que traer el análisis de una obra tan loca como genial? 

El señor barbudo y con anteojos que veis en la foto es Georges Bizet (1838-1875), un hombre que en su corta vida halló el éxito en la música tarde y mal gracias a su genial ópera Carmen. Y gracias tuvo que dar. Su legado como músico romántico no puede considerarse muy bueno, pues no creó escuela ni tuvo discípulos a su cargo. A lo largo de su trayectoria siempre se le consideró como una gran promesa que nunca encontraría la senda del triunfo, y muchas de sus obras cayeron en saco roto. Una de ellas fue una pareja de suites de música incidental (hecha para acompañar una obra teatral) de la obra L'Arlésienne (La chica de Arlés en castellanoparlante), del escritor francés Alphonse Daudet. Fue una obra tardía y, al igual que casi todo el resto de su repertorio, olvidada y poco valorada. Y lo cierto es que, sacando conclusiones, no es una música demasiado sorprendente y novedosa. Está hecha puramente para el acompañamiento teatral, como podremos ir observando a lo largo de la reseña. No obstante, sí que podemos encontrar en ella ese talento escondido y tan poco reconocido del compositor parisino, con pasajes cautivadores y muy bellos, aunque lejos de la grandeza de otras obras de su tiempo. Y teniendo que elegir entre las dos suites a la hora de publicar, he escogido la segunda. ¿Por qué? Vamos a averiguarlo.