domingo, 13 de octubre de 2013

Danza húngara nº 5, Johannes Brahms


Saludos, humanos, semihumanos y demás especies que pueblan el ancho mundo. Hoy Rockrítico está de enhorabuena, y la música en general también. Por aclamación popular (y la de Spartan George, que sólo sabe escuchar cosas buenas) me he puesto el traje, la corbata y los mocasines porque BRAHMS HA LLEGADO A LA CIUDAD. Y con él una de las piezas más sencillas, cortas y magníficas de la historia de la Humanidad. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la quinta de sus Danzas Húngaras. Auf. ¿Cómo he tardado tanto en publicar esto? Merezco morir.

Bueno, analizando la cosa por encima, la verdad es que no hay mucho que sacarle a esto. Quiero decir, son apenas 2 minutos y medio de música, y acabose. La cuestión es que estos 2 minutos y medio, al igual que otra genialidad de un tal Rachmaninov, han quedado grabados para siempre en la historia de la música. Eso es lo único que se puede constatar. 

Pero lo primero y más importante: Brahms. Ese hombre modesto al que aclamaron como mejor compositor de la historia y prefirió dejarle ese honor a Mozart. Hasta para eso el tío tenía buen gusto. La cuestión es que Johannes (1837-1897) pertenecía a una familia donde la música era una forma de vida. Aprendió a tocar diferentes instrumentos empleados en danzas gracias a su padre, y con 15 años ya traía dinero a casa gracias a sus actuaciones públicas. Era un talento que se forjaba poco a poco, sin prisas. Hasta que a los 20 años un violinista húngaro de nombre Eduard Reményl tuvo el buen ojo de fijarse en el joven artista, y le pidió que le acompañase en una gira de conciertos por su país natal. De este viaje Brahms aprendió y maduró hasta convertirse en el genio posterior del Romanticismo que fue, y de paso se inspiró para componer un conjunto de alegres y bailables danzas, sus 21 Danzas Húngaras, de las cuales la nº 5 ha pasado a la historia como la más famosa e interpretada. 2 minutos y medio de música, insisto. Eso sí, irrepetibles...

La danza empieza clara y directa, sin preludios ni temas que antepongan el grueso de la pieza: la melodía nos la encontramos en la cara, de sopetón. Y gracias, porque empezar así es un tesoro. No voy a explayarme mucho en esto, porque la melodía es de sobra conocida; sólo diré que las sensaciones que produce son las de una obra que captas, traduces y dignificas desde la primera nota. El aire bohemio, gitano y movido de la obra le da una energía diferente y distinta a cualquier cosa que se hubiese escuchado antes. No voy a decir que Brahms es mejor que Beethoven o Mozart, porque ni es cierto ni lo creo así. Pero sí que podemos colarlo en un Top 5 de los mejores por una sencilla razón: el cambio, la renovación, la magia de la sorpresa. Capaz de mezclar estilos y de hacerlos convivir de forma sublime, la Danza Húngara nº 5 representa la facilidad de Brahms para aportar su granito de arena al estilo romántico y convertirlo, junto con otros grandes como Schumann o Chopin, en el vehículo musical del siglo XIX. Pero sigamos en lo que estamos, la obra. Que me emociono muy rápido.


La obra está dividida en tres segmentos, en estructura A-B-A. Más sencillo imposible. Tenemos la melodía principal, un interludio y de nuevo la melodía. Y es ahí donde radica la magia de la obra. Fácil de recordar, de estructura simple y muy corta. Si con estas herramientas creas algo maravilloso, puedes considerarte el faker del Romántico. Pero Brahms no sólo quería crear una gran melodía. También le pone mucho mimo al interludio, cuyo complejidad musical es nula. Entonces... ¿debe ser esto un problema? ¡Error! Realmente se convierte en un puente perfecto entre las dos repeticiones de la música principal, con un pronunciado uso del crescendo súbito o golpes bruscos en las notas más largas para crear tensión, para luego soltar músculo y relajarse con las notas cortas, alegres y burlonas, que anteceden a la repetición del estribillo, de ese estribillo que cuesta tanto quitarse de la cabeza. ¿Dónde está la magia de esta melodía, lechugas? Lo cierto es que Brahms no se comió mucho la cabeza en la composición, pero su trabajo con los matices (más fuerte o más piano) y los cambios de tiempo repentinos es maravilloso. Mientras en algunos momentos la intensidad de la música es bestial, en otros tiende a desaparecer en mágicas escalas descendentes o en notas que parecen haberse muerto del aburrimiento. Esta combinación, ágil, única y muy bien utilizada, dota a la danza de una gracia y una elegancia inverosímil, lo que unido a su recordable y cautivadora melodía y al perfecto uso de la percusión para dotar de fuerza a la música, da como resultado una pieza corta pero intensa e inolvidable, y popularmente conocida incluso por los participantes de Mujeres y Hombres y Viceversa. Bueno, a lo mejor me he columpiado un poco. Creo que esos no pasaron de Wisin y Yandel. 

Muy bonito, ¿eh? Ya se constata que no he tenido que comerme mucho yo tampoco la cabeza para analizar esta maravilla. Antes de terminar la reseña, creo hacer necesarias un par de aclaraciones. La primera y más importante es que Brahms compuso la obra exclusivamente para piano, y en una tonalidad completamente distinta a la que estamos acostumbrados (Brahms compuso la danza en Fa # menor y la versión orquestal está en Sol menor). Lo que nos lleva a la segunda. ¿Quién transcribió la pieza, entonces? La versión orquestal fue compuesta por otro grande de la época y gran admirador de Brahms, Antonin Dvorak, creador de una joya llamada Sinfonía del Nuevo Mundo. ¿Qué con cual me quedaría de las dos? Y qué más da... el resultado es igual de bueno, aunque con orquesta evidentemente gana más presencia y espectacularidad. Y si no, que se lo pregunten al gran Charles Chaplin.

Y esto ha sido todo, niños y niñas. Aprovecho para darle las gracias a Spartan George por haberme animado a traer esto a Rockrítico. Si no la habíais escuchado nunca, ya estáis tardando, y sí la habéis escuchado... ¿os va a importar volver a hacerlo? ¡Saludos cordiales y a disfrutar!

Valoración: ETERNA

2 comentarios:

  1. Lo único que tengo que añadir a un análisis absolutamente fastuoso de esta pieza son mis dos versiones favoritas de la misma.

    La primera, clásica y archiconocida, es una versión para orquesta similar a la que ya has puesto en el artículo, pero dirigida por el gran Jesús López Cobos. Me parece que es la que mejor transmite la fuerza y la emoción de la pieza:

    http://www.youtube.com/watch?v=UjNy6Egli8w

    La segunda es algo muy curioso conque me topé en su día... Tres caballeros decidieron versionar la maravillosa pieza con guitarra y bandurria. Una maravilla:

    http://www.youtube.com/watch?v=utUXIKSFQBI

    En fin, impecable análisis y fabuloso artículo. No dejo de sorprenderme con lo muchísimo que sabes de música, caribú :) ¡Y gracias por aceptar mis sugerencias!

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  2. Me encantó la claridad en la explicación

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