viernes, 24 de mayo de 2013

Las mejores oberturas de la historia (1ª parte)


Toda ópera que se precie, desde la más gloriosa a la más aborrecible, es introducida generalmente por lo que se conoce como obertura, un preludio exclusivamente instrumental que antecede a la acción propiamente dicha de la narración, la música y los hechos que acontecen en la obra. Hasta el final del Barroco, se puede dividir en dos tipos, italiana (estructura en tres tiempos con la secuencia rápido-lento-rápido) y francesa (al revés, con la secuencia lento-rápido-lento). Posteriormente, la aparición de los grandes genios de la ópera, con Mozart, Rossini y Wagner a la cabeza, llevó a la obertura a pasar a ser un único movimiento que rescataba material que se utilizaría posteriormente en el transcurso de la ópera, llevando a este género introductorio a la cúspide de la fama. Pero los años pasaron y la obertura cayó en saco roto, siendo denostada y abandonada por la práctica totalidad de los compositores.


Me veo en la incipiente y suma necesidad, tras un largo periodo de exámenes, de hacer justicia al género con una lista de las, ni más ni menos, 12 mejores oberturas de todos los tiempos. 12 auténticas obras de arte. Si te consideras ser humano, has tenido que escuchar, al menos, una de ellas alguna vez en tu vida. Hermosas melodías que con los años no desaparecen de la cabeza y que han llevado a sus óperas a agrandar aún más su fama. Mozart es el más grande en este aspecto, y le siguen de cerca Wagner y, con reservas, Rossini, el señor de la ópera bufa (la ópera italiana pomposa del periodo romántico). Así que lo dicho, espero que disfrutéis de las piezas tanto como yo y que compartáis vuestra opinión. La lista se publicará en dos partes para no abarcar una entrada excesivamente larga. No quiero abusar y ando un poco vago después de la paliza de las últimas semanas, pero con lo que hay para empezar es más que suficiente. El ránking es completamente personal y podéis tener preferencias dispares. Todo lo que se haya aquí es puro caviar para los tímpanos. ¡Que comience el desfile!


12. La Traviata, Giuseppe Verdi



Aunque la ópera más famosa del compositor de ópera más famoso del siglo XIX tenga pasajes muchísimo mejores, su obertura no deja indiferente a nadie. Poco se puede decir del preludio en cuestión: un comienzo de cuerdas tranquilo y aterciopelado que poco a poco va subiendo de intensidad; una melodía muy lenta y emotiva, sin ningún tipo de animación y sin apenas intervención de vientos (que hacen un discreto papel acompañante). ¿Entonces dónde está la chicha? En realidad, el secreto del conjunto es el vibrato o vibración de las cuerdas de los instrumentos, que consigue, con la orquesta en perfecto unísono, crear un ambiente muy melancólico y de añoranza. Repito, La Traviata es una ópera que no destaca precisamente por su obertura, pero en el conjunto queda muy bien y realiza su papel introductorio a la perfección antes de que seamos testigos de las andanzas de los tortolitos protagonistas, la cortesana Violeta Valery y su amante Alfredo Germont. Así que tenía que estar en esta lista sí o sí.


11. Fidelio, Ludwig Van Beethoven




Nunca he podido considerar a Beethoven el mejor compositor de la historia (aún cuando escribió la mejor obra de música clásica de todos los tiempos, su inmortal Novena Sinfonía) por el hecho de que su repertorio operístico se reduce a una única pieza, Fidelio, de apenas dos actos pero de una calidad a raudales, que narra la historia de Leonora, una mujer que se disfraza de un guardia de prisión de nombre "Fidelio" para rescatar a su marido de ser condenado a muerte por razones políticas. Nada sorprendente por parte de Beethoven el hecho de que su única ópera fuese un canto a la lucha contra la opresión y a favor de la libertad. Su obertura, por otra parte, es muy beethoveniana: partes de baja intensidad a cargo de oboes, clarinetes y flautas que se entremezclan con pasajes de grandiosidad y épica a cargo la orquesta, el viento-metal y la percusión. Intensa, inolvidable y llena de vida y energía, un regalo para los oídos digno del mejor Beethoven, lo cual son palabras mayores. Para ser su única ópera, Beethoven deja claro que también sabe moverse en este género al que parece que tenía vetado, quizá porque le resultaba más complejo escribirlo y producirlo (Beethoven fue muy grande, pero para escribir ópera deje usted a Mozart y Wagner ponerse manos a la obra). A pesar de las dificultades que tuvo para concluirla, Fidelio acabó convirtiéndose en un gran éxito y ha tenido un importante papel en el repertorio operístico hasta nuestros días.


10. El Barbero de Sevilla, Giacomo Rossini



Odio a Rossini. Mucho. A su ópera, a su repertorio en general, a todo su ser. No lo soporto. Tan pomposo, tan simplón, tan poco dado a utilizar grandes recursos... Uf. No lo soporto. Beethoven dijo una vez que Rossini habría sido un gran compositor si su profesor de música le hubiese dado unos buenos azotes en el trasero, y no le faltaba razón. Pero, sin embargo, mientras su obra general podría calificarse como insulto ante el buen hacer de los Schubert, Chopin, Schumann, Liszt o Brahms, sus oberturas operísticas se encuentran entre las mejores. Las cosas como son. Y en esta lista de hecho vamos a encontrarnos dos, teniendo en cuenta que me he dejado alguna por el camino, cosa que me duele y me alegra al mismo tiempo. Este hombre... en fin, me remito a Beethoven. 

La obertura de El Barbero de Sevilla comienza con tiempos marcados a lo bestia por todo el conjunto orquestal, entrelazados con pasajes de más relax. A los "golpetazos" iniciales les sigue una parte con una cadencia musical indescriptible, que aunque me duela decirlo con Rossini, es una maravilla con mayúsculas y transmite una paz interior inmensa. El tema de la obertura, se repite hasta dos veces completas con cambio de tonalidad incluido y todo tipo de variaciones, y a pesar de la búsqueda del unísono orquestal que tanto le gusta a Rossini, la energía de la melodía y sus múltiples variantes en la intensidad en todos los aspectos le dan al conjunto un equilibrio perfecto y sin fisuras, que se hace cada vez más y más envolvente, alcanzando el clímax poco antes del final, grandilocuente y que se dirige a la búsqueda de una conclusión mágica y bestial. Si no es la mejor obertura, le falta poco. Sublime. Pero siguen haciéndote falta unos cuantos azotes en el culo, Giacomo. Sin rencor, que quede claro.


9. El rapto del Serrallo, Wolfang Amadeus Mozart




Hace su aparición en la lista (como no podía ser de otra forma) el dios de la ópera, Mozart. Hasta 4 de sus obras del género podrían estar en el Top 10 de todos los tiempos, lo cual dice mucho, demasiado. Wolfie no tiene rival en este aspecto (bueno, Wagner no creo que opine lo mismo). 

Estrenada en 1782, El rapto del Serrallo representa al Mozart picantón y libertino (la historia se desarrolla en un serrallo o palacio turco, donde según los europeos se llevaban a cabo todo tipo de lujuriosas fantasías). La obra se estrenó no sin cierta polémica, y labró la reputación de Mozart como músico de prestigio en Viena. Su obertura representa a grandes rasgos lo que nos vamos a encontrar durante casi toda la pieza: vertiginosidad, sorpresa y energía constantes. En un tiempo rápido y animado, la orquesta se enfrenta a parajes llenos de vitalidad, muchísimas notas, bajadas, caídas... incluso una parte en la que el tiempo y la fuerza de la obertura decaen repentinamente. Un conjunto majestuoso y escrito con mucho mimo y cuidado donde no hace falta ni una nota más. A pesar de que José II no opine lo mismo.


8. Orfeo en los infiernos, Jacques Offenbach




Offenbach no destacó por ser un compositor especialmente conocido. De hecho, a día a de hoy, incluso a los más cultos musicalmente les costaría ponerle cara y obras. Cara no hace falta porque no es que fuese demasiado agraciado el hombre, y en cuanto a obras... pues Orfeo en los infiernos y su bellísima Barcarola serían dos buenos ejemplos. Aunque la obertura de Orfeo es la que ha quedado realmente para la posteridad. Sí, niños y niñas, Offenbach nos legó el can-can (baile rápido, vivo, escandaloso y donde se ven más faldas que otra cosa) más famoso de la historia. Ahora ya lo conocéis y lo podéis cantar a los cuatro vientos. Podéis decir que la musiquilla tan pegadiza de ese baile tan sobreexplotado hasta la saciedad por Hollywood  salió de la mente del bueno de Jacques. La ópera en sí es una parodia en toda regla del Orfeo y Eurídice de Gluck. La obertura, por su parte, se puede dividir en varias partes. Comienza con una fanfarria enérgica con viento-metal y percusión. Le sigue una bellísima y emotiva canción de amor interpretada primero por un oboe y posteriormente por un cello (hermoso solo), una flauta travesera y un clarinete. Un pasaje musical de 10. Tras una transición abrupta e intensa, hace su aparición un pasaje dramático con un solo de violín que pone la gallina de piel. A esto le sigue un vals muy movido y complejo, y por último... bueno, una música tan conocida y tan puramente genial que mejor os dejo a vosotros descubrirla. ¡A bailar!


7. Las bodas de Fígaro, Wolfang Amadeus Mozart




¿Otra vez Mozart? Pues sí, ¿qué queréis que os diga? Si es que el tío lo peta. Las bodas de Fígaro podría considerarse como uno de los trabajos cumbres de Mozart, una ópera magnífica, con partes que escapan directamente a la comprensión humana y te hacen pensar que no son de este mundo. Y si no que le pregunten a Salieri. 

Dejando a un lado la ópera en sí, la obertura es otra genialidad más del austriaco. La melodía es muy recordable y de gran originalidad, rápida, armónicamente bestial y otorga el papel protagonista a la cuerda, a excepción de pasajes de mínima relajación (la obertura es pura dinamita, pura energía en casi toda la interpretación) donde interviene ese viento-madera que tanto le gusta a Mozart (oboes, flautas, clarinetes). La melodía se repite en dos ocasiones, y en la segunda aparecen las variaciones tonales de rigor y la desembocadura al final, que parece que nunca se va a terminar. Escalas ascendentes, descendentes, rápidas transiciones y, por fin, la espectacular cadencia conclusiva que pone el broche de oro a una maravilla. Es Mozart, ¿por qué me sorprendo?

Y aquí concluye la primera parte del ránking de las mejores oberturas de la historia. La semana que viene habrá más y mejor, incluso mejor. Sólo dejaré caer que Wagner aún no ha aparecido... ¡Nos vemos más pronto que tarde!

1 comentario:

  1. "Fidelio" y "El rapto del Serallo" me han dejado más frío (siendo buenísimas, ojo). "La Traviata" es una gozada, sin duda, y "Las bodas de Figaro" también tiene una obertura genial...

    Pero si me tengo que quedar con dos es con Offenbach (¡gracias, por Dios, por decirme de dónde es este can-can! jajaja Me encanta la versión que utilizan de él en "Moulin Rouge"), y Rossini. Qué gozada, señor...

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