lunes, 17 de noviembre de 2014

RYM Top 100 Greatest Albums of All Time (Top 96 – 100)


Cinco años hemos cumplido ya. ¡5 años! Y el primer lustro siempre hay que celebrarlo de manera especial. Mi manera, es un regalo para vosotros y para mí: aconsejóme Quixote en repetidas ocasiones que escuchara la lista de los 100 discos mejor valorados en la web Rate Your Music. Y he decidido hacer no solo eso, sino una crítica de cada uno de ellos. Breve, concisa, unas ideas clave que pueda concentrar para reunir cinco discos en cada entrada y que esto no sea interminable. Así que, comenzando por la parte final de la lista, y siguiendo siempre aquella que aparecía en la web el pasado domingo 9 de noviembre, ya que cambia muy a menudo, vamos a ello.

100 – Creedence Clearwater Revival – Cosmo’s Factory (1970)


Delictivo que hasta ahora no hubiera escuchado al completo este disco (que en la última actualización de la página se ha visto sustituido por el The Wall de Pink Floyd, del que ya hablaremos). De la Creedence conocía temas sueltos, y poco más. Error. Este quinto trabajo del grupo (que publicó su primer disco en 1968, otros tres en 1969, y dos más en 1970) es antológico del rock actual. Con un estilo que caballea entre el blues, el rock n’ roll más tradicional y eso que podríamos llamar “rock sureño”, con una considerable influencia country, su huella se hace notar en la mitad de la música setentera que llegue a vuestras radios.

Todo el equipo está sobresaliente. El trabajo de John Fogerty a la voz es impecable como lo son, especialmente, las guitarras y baterías, que destacan mucho en los segmentos instrumentales de “Ramble Tamble” o “I Heard It Through the Grapevine”. Ambos elementos se combinan en un trabajo compositivo magnífico que logra dos cosas: canciones que se reconstruyen a sí mismas una y otra vez, con cambios de ritmo y mucha variación (la misma “Ramble Tamble”, o “Lookin’ Out My Back Door”), y una gran personalidad propia, también a la hora de versionar clásicos como Bo Diddley, Arthur Crudup, Barrett Strong o Dick Penner. La alternancia entre cortes rápidos (los más abundantes) y otros más suaves crea el contraste perfecto, y permite que absolutamente todo el disco mantenga un altísimo nivel.


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¿Tengo que escuchar esto?: sí, sin duda.

Si solo tuviera que escuchar una canción: hay varias magníficas. Me quedo con “Ramble Tamble”.

¿Dónde debería escuchar esto?: es un poco indiferente. Aunque el sur de EE.UU. ayuda. En verano, por favor.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: su estilo es muy personal, a la par que reconocible (por influyente), así que recomendaría más discos suyos. No soy un experto, pero Willy and the Poor Boys y Green River son, tras este, los mejor valorados.

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99 – Stevie Wonder – Innervisions (1973)


Innervisions es no solo uno de los mejores (probablemente el mejor) trabajos de Stevie Wonder, sino también uno de los grandes discos de la historia del soul. Obra del artista de Detroit en todas sus facetas (la mayoría de la instrumentación, salvo colaboraciones en cada canción, es suya, como lo son la composición, la voz y la producción y los arreglos), el trabajo explora un amplio espectro que lleva desde letras más baladeras (“Golden Lady”, o la genial “All in Love is Fair”), a los temas más controvertidos, ya sean sociales (“Living for the City”, que en cierto momento se pierde magistralmente en el discurso de la gente que protagoniza la canción) o retorcidos temas religiosos (“Jesus Children of America”) con referencias a la droga… sustancia presente también en otros cortes (“Too High”, “Don’t You Worry ‘Bout a Thing”).

Con eso en mente, también la variedad en el estilo es importante. Sí, siempre sabemos que estamos ante Stevie Wonder, merced al sello de, entre otras cosas, su característica voz; pero las influencias sobre su soul de una música más popera, de funk, y de músicas tradicionales afroamericanas lleva a que, siempre con un papel importante de la percusión, ganen más o menos protagonismo pianos, guitarras acústicas o, sobre todo, los sintetizadores, que tan pronto construyen piezas rápidas y animadas (“Higher Ground”) como temas más etéreos (“Visions”), dotando al disco de gran variedad.

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¿Tengo que escuchar esto?: es un disco bastante básico, aunque si no te gusta el soul, lo llevas crudo.

Si solo tuviera que escuchar una canción: Tal vez “Living for the City” sea mi favorita.

¿Dónde debería escuchar esto?: en un día en que necesites animarte, probablemente.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: forma parte de la mejor época de Stevie Wonder, de la que cabría recomendar también Songs in the Key of Life (1976) o Talking Book (1972).

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98 – John Coltrane – Giant Steps (1960)


Dejémoslo claro desde el primer momento: no me gusta el jazz. Lo respeto, me parece una gran música, pero nunca la he disfrutado, y no estoy demasiado capacitado ni para comprenderla ni para analizarla. Pero prometí reseñar todos los discos de la lista, así que algo tendré que decir sobre esto.

Que Coltrane es uno de los grandes intérpretes de saxofón en la historia del jazz es evidente desde la primera nota, y este disco demuestra por qué Lisa Simpson le aprecia tanto. Desde el primer tema del trabajo, homónimo, Coltrane desarrolla una arrolladora presencia con un instrumento que dialoga, más que absorbe, al piano del también inimitable Tommy Flannagan, con el que se va intercalando en cada pieza, siempre acompañados ambos por la suave base de Art Taylor a la batería (salvo en los últimos minutos de “Mr. P.C.”, donde destaca muchísimo) y miembros del Miles Davis Quintet (Paul Chambers al contrabajo, y Kelly y Cobb en la colaboración ocasional en “Naima”).

Partiendo de estos elementos, Coltrane desgrana con elegancia temas como “Countdown”, “Syeeda’s Song Flute” o los mencionados (“Naima” es fantástica, por ejemplo). La presencia es cálida y por muy intrincadas que sean las melodías, siempre apelan al oyente; la velocidad y la tranquilidad se alternan para llegar siempre a cierres de manual. Y al cabo, el virtuosismo presente en cada uno de los intérpretes (especialmente, claro, saxo y piano) ayuda a crear un disco pulido hasta el último detalle, y que no parece flojear en ningún momento.

Y con todo, lo siento, pero sigue sin gustarme el jazz

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¿Tengo que escuchar esto?: si te gusta el jazz, sí, por supuesto.

Si solo tuviera que escuchar una canción: “Spiral” me ha convencido mucho, la verdad.

¿Dónde debería escuchar esto?: siguen existiendo las cafeterías de jazz, ¿no? Es lo idóneo.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: de Coltrane ya hablaremos aquí de A Love Supreme (1965), y también My Favorite Things (1961) parece muy recomendado. Sin embargo, yo también echaría un ojo a la obra de Flannagan, o a los discos en que participó de Ella Fitzgerald, Sonny Rollins, Art Pepper o Wes Montgomery.

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97 – Jeff Buckley – Grace (1994)


Que quede clara una cosa: Jeff Buckley es probablemente el mejor cantautor en lengua inglesa que surgiera en los años 90 (como Tori Amos fue la cantautora, para mí) y no admito discusión. Ya en este blog hemos hablado más de una vez de él, y sobre todo Quixote ha hecho frente con fiereza a las críticas. Porque Buckley lo merece.

Grace no es simplemente un disco. Ni siquiera un gran disco. Es una obra legendaria. Un bombazo en la música. El único testamento vivo que nos queda de un artista cuya prometedora carrera quedó truncada por su muerte mientras grababa su segundo trabajo, publicado póstumamente (Sketches for My Sweetheart the Drunk). Jeff Buckley se ganó al público y a un mundo de la música en que figuras que iban desde Radiohead a David Bowie, pasando por cientos de gigantes, se enamoraron de este trabajo.

Su personalidad no tiene parangón. Buckley tenía un magnífico registro vocal y una capacidad de jugar con la voz, heredada de su padre (quien diga que no es que no ha escuchado “Gypsy Woman” de Tim Buckley), pero superada, y un directo magnífico que trasladaba al estudio. Jeff es intimista, es cercano, es melancólico y oscuro, es profundo, y es reconocible en cada acorde. Todo el disco tiene un nivel magistral, desde ese “Mojo Pin” inicial hasta “Lover, You Should’ve Come Over”, pasando por la canción homónima al disco, "Grace". Y eso en los temas que compone él… pero no podemos olvidar canciones como “Hallelujah”, que estaría sin duda en un top de los mejores covers de la historia, y que fue la puntilla que otorgó a este trabajo la fama que tanto merece.

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¿Tengo que escuchar esto?: IM-PRES-CIN-DI-BLE.

Si solo tuviera que escuchar una canción: Si “Hallelujah” no os encoge el alma, no tenéis alma. Por esta vez me permitiré recomendar una segunda canción (sí, rompo el esquema de este apartado y lo sé), y diré que “Lover, You Should’ve Come Over”.

¿Dónde debería escuchar esto?: en un lugar pequeño e íntimo. Con auriculares y luz tenue, a ser posible.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: puedes probar con Sketches for My Sweetheart the Drunk, con el Live in Chicago, o con Happy Sad, de Tim Buckley.

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96 – Talk Talk – Laughing Stock (1991)


El que es uno de los mejores discos (el mejor para algunos, aunque no sean mayoría) de la historia de Talk Talk, y el culmen de un cambio que había cristalizado en el trabajo anterior, es también el punto y final en una carrera comenzada 10 años atrás. Algo que al tiempo apena y alegra, pues se despidieron por todo lo alto.

El ambiente que destila el trabajo es tan intimista y oscuro como el del disco de Buckley, pero mucho más inquietante. Pretende rodearte, y envolverte por completo, con la característica voz de Mark Hollis (que también toca la guitarra y el piano, pues en aquel momento el grupo era el dúo que formaban él y el batería Lee Harris) y una instrumentación a veces minimalista, a veces de más presencia, pero siempre con un tono pesado y opresivo. Los temas son en general largos (con la única excepción de “Runeii”, de “solo” cinco minutos), lo que termina por crear ese ambiente con la, además, construcción y evolución instrumental de las canciones, ya sea en temas con más influencia rock (“Ascension Day”) o en experimentos como “After the Flood” (que salta de la música ambiental al jazz y al rock como si nada), o “New Grass”. Las canciones sueltas, personalmente, no veo que tengan un gran valor; es el conjunto de todas ellas lo que permite crear esa atmósfera inigualable, que va tirando del oyente y atrapándolo poco a poco convirtiendo la experiencia en única.

A pesar del órgano tocapelotas que se oye a veces. Compensa la portada, que es fantástica.

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¿Tengo que escuchar esto?: es probablemente (quizás junto con Coltrane) el disco más difícil de escuchar de la lista. Merece la pena, pero no es fácil que guste.

Si solo tuviera que escuchar una canción: ya digo que lo que vale verdaderamente es el conjunto. De quedarme con una quizás sería “Ascension Day”.

¿Dónde debería escuchar esto?: por lo que sé, el estudio estaba lleno de incienso, velas, madera y cosas así etéreas cuando se grabó esto. Si haces lo mismo, sería perfecto.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: como no sé muy bien qué equiparar a esto, diré que te escuches el disco anterior, el Spirit of Eden.

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Y hasta aquí la primera parte de la lista. Volveremos a vernos muchas veces más a lo largo de los próximos meses, intercalando estos artículos con otras críticas más al uso.

Allez-y, mes ami!

Buenas noches, y buena suerte.

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