domingo, 16 de noviembre de 2014

Anochecer en Waterloo: El discurso



La música es, sin lugar a dudas, quizá la más importante y original de las creaciones humanas. Es el nivel más alto de abstracción que hemos logrado, no hay nada en nuestro mundo natural que se parezca en absoluto a la música. En este sentido, nuestro único descubrimiento comparable es la escritura: es algo que hemos ideado completamente de cero, ningún otra criatura del planeta es capaz de crear música, ni es la música la representación de algo tangible en la naturaleza. Han pasado miles de años hasta que el resto de las artes han podido ponerse al mismo nivel que la música en cuanto a pura creación, en lugar de simple copia del mundo (por muy técnicamente encomiable que sea dicha copia).

Es por esta absoluta abstracción que no se puede, de ninguna manera, hablar de música de una manera simple. Los libros son historias; los cuadros, imágenes. Al fin y al cabo, nuestra vida es básicamente una sucesión de ambos, así que sabemos muy bien lo que nos gusta cuando lo vemos: nos sentimos identificados con un personaje, admiramos la belleza de un paisaje, etcétera. ¿Pero y la música? Es tremendamente complicado saber localizar con exactitud cuales son las particularidades de una pieza que despiertan nuestro interés. Nos gusta porque nos gusta, y punto.


La música, como todo arte, tiene su parte de pavoneo: "hola, somos humanos, y podemos hacer esto aunque en el fondo tampoco es que nos fuéramos a morir si no lo hiciéramos". Pensar que la música es algo que hemos sacado de la nada y que no sirve para absolutamente nada es casi deprimente, pero es lo que hay. Las razones por las que hacemos arte se escapan en muchos sentidos a mi entender, pero son múltiples: puede ser arte que tiene un mensaje, puede ser arte como búsqueda de la belleza, puede ser arte como huella de nuestra existencia... pero en última instancia es totalmente innecesario, ya que podemos alcanzar esos objetivos mediante otros métodos.

En cualquier caso, esto no es una discusión sobre la naturaleza del arte, que podría dar para mucho. Nuestro objetivo es intentar comprender mejor la música, una parte muy importante de muchas vidas pero de la que no solemos entender demasiado. Cualquiera es melómano ahora, al fin y al cabo, no podemos pedir tanto de la gente. Muchos, yo incluido, nos conformamos con que lo que sale de los altavoces sea medianamente agradable, sin pensar en la complejidad de la canción, las emociones que intenta transmitir la música o la letra, las distintas melodías que se repiten, o la forma en la que encaja todo.

¿De qué hablamos cuando hablamos de música, entre amigos? De nada, básicamente:

"He descubierto a este grupo, hacen techno-grunge experimental."
"A ver que tal suenan."
"Pues no están mal, se parecen a The Hare-Krishna Musical Stravaganza Experience feat. Pitbull."
"El cantante está en la cárcel por matar a cincuenta amas de casa y un lagarto."



Etcétera. Lo cual es obviamente muy interesante pero no nos ayuda en nada. Lo de los géneros es bastante útil si sabemos de lo que estamos hablando, lo que nunca suele ser el caso.

Obviamente, a nadie de verdad le interesa analizar y escrutar cada detalle de las canciones buscando un significado. Ni siquiera los artistas saben exactamente lo que están diciendo o transmitiendo. En parte por las drogas, pero también porque nadie entiende verdaderamente la música, ni siquiera los que la hacen.

Existe un proyecto denominado Music Genome Project, creado en 1999, con el objetivo de "capturar la esencia de la música en su nivel fundamental". Catalogando extensivamente cada canción con atributos o genes, utiliza algoritmos computacionales y músicos profesionales para crear una auténtica taxonomía musical. El servicio de radio online americano Pandora es el impulsor de esta idea tan interesante. Investigando un poco encontramos genes como "frases musicales repetitivas", "sincopación rítmica ligera" o "cualidades místicas", sea lo que sea eso. Por desgracia Pandora sólo está disponible en Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, pero bueno, don't stop believin'.

Esto es como catar vinos, supongo. Al principio sabrá todo más o menos igual, pero luego podrás decir cosas bonitas como "paladar afrutado" o "taninos de madera de roble" o algo así.

Me estoy desviando del tema, posiblemente. El caso es que nadie habla de música de forma profunda, lo que es un poco triste, pero del mismo modo es comprensible. ¿Va a crear este artículo polémica, o diálogo? Pues quizás no, pero si alguien tiene algo que decir, me encantaría leerlo en los comentarios.

Vesis de franvuesa para todos.

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