domingo, 17 de diciembre de 2017

Rockrítico Weekly: Cloud Nothings + Donna Summer + Living Colour

CLOUD NOTHINGS - LIFE WITHOUT SOUND (2017)




De un tiempo a esta parte, Cloud Nothings se han convertido en uno de los nuevos grupos de rock que más elogios ha recibido de la crítica, con ese sonido indie punk que tiene un público tan fiel. En sus inicios, especialmente en el que es su disco más reconocido Attack on Memory, su agresividad y energía estaban muy presentes, pero como suele ocurrir con estas bandas, se suavizan con el tiempo. Por eso "Up to the Surface" es un tema tranquilo que está más cerca de Good Charlotte que de Fugazi. Antes daban berridos y eran peligrosos, y en ese sentido lo que aquí se escucha es una regresión. Pero mejor eso que ser Simple Plan forever and ever, ¿no?

Comparando a Cloud Nothings con esta gente, parece que me estoy riendo de ellos, pero no es mi intención. Es un grupo de rock que, sin reinventar la rueda, ofrece un producto asequible para todos los públicos. "Enter Entirely" pasaría, 100%, por un tema de Weezer, si Weezer no estuviera de nuevo agotado creativamente. El más fantástico tema de los que aquí se reunen es "Modern Act", que es el que tiene las melodías mas pegajosas y las guitarras más afiladas: un tema indie de manual de los que por algún motivo tanto escasean. En general el trabajo de batería es destacable, del que está a cargo Jayson Gerycz: los ritmos de temas como "Sight Unseen" son más complejos de lo que podrían parecer a simple vista, cosa también común en este tipo de bandas. El disco se cierra con "Realize My Fate", la canción más rara del disco con sus disonancias, su ritmo insistente y los primeros atisbos de la voz gritada de Dylan Baldi. No es un disco fundamental, pero siempre está bien saber quienes son los que intentan mantener vivo al rock, tengan éxito en su cometido o no.

VALORACIÓN: 6

GÉNERO: Indie emo de tranquis


DONNA SUMMER - ONCE UPON A TIME (1977)




Donna Summer, la mítica diva del disco, ofrecía en algunas ediciones de este Once Upon a Time "más de 70 minutos de disco", cuando en la realidad el número estaba alrededor de los 69. Podría acabar la crítica aquí y suspender el álbum por publicidad engañosa, pero tras la maravilla que es Bad Girls, su disco inmediatamente posterior (y considerado mejor) que escuché hace no mucho, necesito un poco más de Donna para sobrevivir. Y sobreviviré, aunque esa es de Gloria Gaynor, no de Donna Summer.

Hoy no estoy para mierdas. Si escuchas "Once Upon a Time", con esas vibrantes cuerdas, la guitarra funky y la voz perfectamente calibrada entre la calidez y la distancia de Donna Summer, y sigues considerando que la música disco fue el cáncer que aniquiló la música de verdad, sustituyendo la chaqueta de cuero por los pantalones de campana y dando una voz y una cultura a las minorías que no se veían representados por el machismo, el racismo y la homofobia que llevó a la quema masiva de vinilos y a una campaña de propaganda que dejó al género moribundo (¿pero quién río último?) entonces eres basura y largo de aquí. Sí, no tengo un buen día y lo estoy pagando contigo. Busca alguna manifestación de Vox a la que ir, agujero negro de la diversión.

Y si no, agita tus alitas ante "Faster and Faster to Nowhere", que no podría tener un título más representativo de lo que eran muchos de los temas de la Summer: un crescendo apoteósico, que en el fondo nunca acababa. Y ahora lo entiendo. ¿Por qué tiene que acabar? ¿Por qué el mismo fervor de "I Feel Love", que Patrick Cowley extendió hasta los 15 minutos, no podía durar una hora, diez horas, toda la vida? Las canciones aquí no concluyen, siempre dan pie a lo siguiente sin fisuras, porque no quieren dejarte sin bailar o sin disfrutar un microsegundo.

Parece que toda la música que sea menos profunda que el libro promedio de Heidegger es bazofia banal. Algo como "Fairy Tale High", que podría ir sobre la farlopa o sobre cualquier otro tipo de cosa exaltante, no se puede contemplar con la misma severidad que Bob Dylan, por ejemplo. El hecho de Donna Summer y otros artistas disco conjugen el deseo carnal del infierno con la liberación final del cielo mejor que Dante mismo es algo que no se le pasa a nadie por la cabeza. Pero el purgatorio es una discoteca.

"Now I need you I need you I need you right now" nos imploran mil voces, y si necesitas treinta mil palabras y un diccionario de sinónimos para expresar ese sentimiento, preséntate a Pasapalabra y piérdete. Si cada golpe electrónico de bombo te oprime hasta que tu corazón parece que se te va a salir del pecho, y realmente el agobio es insoportable, no vas a buscar la lírica más florida, a tener un gabinete de expertos analizando cada imagen para decodificar el significado. Vas a gemir las palabras más básicas.

"Working the Midnight Shift" está tallada en hielo y luz, y el aire de la voz de Summer es el que insufló la vida al primer hombre. Y sí, peco de preciosismo pero si no peco con Donna Summer, no peco nunca. Aguanto estoicamente el aluvión de temas sobrehumanos, y me pregunto si no estoy fingiendo al escribir esto, porque mi cara no ha cambiado su expresión de seriedad desde los primeros compases del álbum. ¿Acaso estoy diciendo sólo lo que quiero leer? ¿Estoy realmente exorcizando algo y nada volverá a ser lo mismo? Sé que no he escrito nada parecido aquí, pero si esta fuera mi última crítica, yo creo que ya hubiera dicho todo lo que tenía que decir. Aunque mañana toca Living Colour, y igual mañana vuelvo a mi ser y empiezo la crítica con fríos datos como que "Living Colour fueron de las primeras bandas rock afroamericanas en gozar del éxito comercial". Trago saliva.

Me he alejado un poco de la fuente de la música para seguir reflexionando, distrayendo un poco mi atención del álbum. Quizá podría haber sido cualquier otro álbum el que desencadenara esto. Tal vez no tendría ni siquiera que haber sido particularmente bueno. De lo que estoy seguro es que una crítica que enumere instrumentos, describa hechos y compare canciones (en otras palabras, una de mis críticas habituales), es una mierda de crítica que puede haber salido de Wikipedia. La función del crítico no es la de ser un cronista histórico, es la de revelarse a la audiencia y conectar de una manera casi íntima con ellos, permitiendo a la gente acceder a la música de manera totalmente libre de prejuicios. Conectar con la música a través de un lazo emocional, no de una exasperante recopilación de anécdotas y datos. Cualquiera puede distinguir una guitarra de una trompeta, y distinguir el krautrock del zeuhl tampoco es más difícil. Pero distinguir lo que cada cosa nos hace sentir es una de las cosas que necesitamos aprender en nuestro paso por el planeta.

Así que diré qué me hace sentir Donna Summer. Cada canción deshace un nudo, y mi cerebro trabaja frenéticamente para volver a atarlos. Como la redecilla de un redondo de ternera, que lo permite mantener la forma. Qué poesía hago. Donna y Giorgio contra mí en una carrera a muerte por mi integridad emocional que acabaré ganando. Y perdiendo. Hace un rato que no enlazo a una canción así que "Rumour Has It", venga.

Hablábamos de simplicidad y concisión, y qué mejor que un tema que se llama "I Love You". El hamorrr. "I Feel Love" bombeaba la sangre como un corazón, "Love to Love You Baby" era el sudor del éxtasis y, por descarte, "I Love You" son las lágrimas de la felicidad plena. Eso sí que son trilogías y no Star Wars, impresentables. La velocidad de desatamiento aumenta exponencialmente y nos acercamos al final del viaje. Tengo que darme prisa.

Al final, me interrumpen en "Happily Ever After" e, inmediatamente, todos los nudos vuelven a su ser. Algunos menos espirituales que otros, porque no tengo ni hambre. A ver si se me pasa. De momento no creo que vuelva a escuchar esto, ni a leer lo que escrito, en bastante tiempo.

VALORACIÓN: Paso.

GÉNERO: Ninguno.


LIVING COLOUR - VIVID (1988)




"John Cena, mientras estás ahí tirado, a poder ser tan incómodamente como sea posible, quiero que me escuches. Quiero que digieras esto porque antes de que me vaya en tres semanas con tu campeonato de la WWE, tengo muchas cosas que no puedo dejarme dentro."

Ayer fue un día raro.

Living Colour fueron de las primeras (y únicas, la verdad sea dicha) bandas rock afroamericanas en gozar del éxito comercial. Tal vez tenga que ver algo con que si ves una foto suya, son virtualmente indistinguibles de New Edition. En una época donde la imagen era tan importante, sin duda se aprovecharon más que bien de la repercusión de la MTV, llevando incluso a que Mick Jagger se convirtiera en su tutor y productor. No se puede decir que no se lo montaran bien.

Es este un rock duro lleno de soul, como demuestra ya la sobradamente conocida "Cult of Personality". Lo que más presencia tiene en estos temas es la guitarra de Vernon Reid, que se marca en torno a veinticinco solos vertiginosos por canción. El segundo de "Cult of Personality" es un obelisco a la velocidad sobre la precisión, que por lo menos transmite más que... no sé, Satriani (BOOM). Hay gente que insiste en llamar a esto funk metal, que es un género bastante extraño: lo más funk aquí es el slapping and popping del bajo de Muzz Skillings, aunque el groove de temas como "Middle Man" sin duda se aproxima también al funk. Otros, como "Desperate People", son un revoltijo que no se sostiene por ningún sitio. Entre los temas más destacados se encuentran la muy sentida "Open Letter (to a Landlord)", quizá lo más soul aquí; una versión de Talking Heads en tu cara ("Memories Can't Wait"), y el tema final, "Which Way to America?". Es un disco resultón, agradable, pero que no ofrece más que un par de emociones fuertes.

VALORACIÓN: 6.5

GÉNERO: Funk metal, que tiene poco de funk y menos de metal.

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