domingo, 31 de diciembre de 2017

King Gizzard + Igorrr: dos joyas de 2017 que quizá no conozcas

En 2017 he hecho de todo… excepto publicar en este nuestro blog. Y eso había que enmendarlo, aunque fuera a última hora. Por suerte, gracias al trabajo de Jorge, Álvaro y de fichajes recientes como Adri no se habrá notado mi ausencia. Sea como fuere, aprovechando que se acaba el año, he venido a hablar de ~mi libro~ dos joyas de este año que quizá hayan pasado desapercibidas para los que estáis leyendo estas líneas. Vamos allá.



King Gizzard & The Lizard Wizard - Flying Microtonal Banana





Muchos grupos tienden a simplificar su sonido cuando van ganando fama. Los australianos King Gizzard & The Lizard Wizzard… pues bueno, este año han publicado nada más y nada menos que 5 álbumes grabados con instrumentos microtonales.

Pero, antes de nada, ¿qué carajo es un instrumento microtonal? Veamos, un instrumento musical es un aparato que emite un sonido que hace vibrar el aire de su alrededor unas cuantas veces por segundo. Ese número de vibraciones por segundo es lo que denominamos frecuencia. Y cuando le damos un nombre propio a una frecuencia, definimos una nota. En la música occidental, asignamos el mismo nombre a dos notas que tengan el doble de frecuencia entre sí la una de la otra. Y entre medias, colocamos otras 11 notas, de forma que tenemos 12 en total. Entonces, la distancia que queda entre una y la siguiente llamamos semitono.


La escala cromática contiene todas las notas de la música occidental


Esta elección se debe a Bach, y es muy útil. Pero es arbitraria, y, por ello, podría ser distinta. De hecho, el sitar, uno de los principales instrumentos de la música india, tiene trastes móviles, que permiten cambiar la distancia entre notas.

Con lo cual, este año en King Gizzard se han dedicado a experimentar con guitarras, teclados, vientos y demás instrumentos cuya separación entre notas es menor de la habitual(en occidente). En Flying Microtonal Banana, en particular, aplican este concepto en canciones cuyas bases son notas estáticas (o motivos que se repiten una y otra vez), donde la línea principal juega con estos microtonos. Además, a nivel de producción, el disco deliberadamente imita el sonido de grupos como Cream o The Doors, con esos instrumentos grabados de una forma sucia o pistas de batería que ocupan un solo canal. ¿El resultado? Una más que curiosa (y original) carta de amor a la psicodelia de finales de los años sesenta.
¿Cómo sonaría una banda de Black Metal que colaborase con una cantante de ópera? ¿Y un productor de electrónica mezclado con un pianista romántico? Estas parecen ideas salidas de un par de músicos en una noche de borrachera. No obstante, algo parecido deberá ocurrir en la cabeza de Igorrr (seudónimo del productor francés Gautier Serre) para dar luz a discos como el que hoy nos ocupa.

Quizá la mejor forma de definir su estilo sea como surrealismo musical. Sus canciones, al igual que un cuadro de Dalí, por ejemplo, nacen de la unión de elementos sin conexión aparente. Además, encontramos desarrollos abruptos, pero que, como en un sueño, están entrelazados para darnos una sensación de continuidad dentro de lo absurdo. 

Analicemos, por tratar alguna, la tercera canción del disco, "Houmous". Esta empieza con los acordes de un acordeón al que se suma una batería con un marcado ritmo de black metal, que poco tarda en ser modificada por elementos de dubstep. Nada anticipa que sólo unos dos minutos después la canción concluya con un bajo muy funky sobre una melodía procesada en 8 bits (el sonido de una máquina de videojuegos de los años 80, para los profanos). Todo ello en escasos tres minutos y medio de duración

Sin embargo, el gran mérito de este disco no es mezclar sonidos dispares, sino que las canciones se sientan como tal, y no sólo como collages musicales. Cabe destacar una gran atención por el detalle, empezando porque ningún instrumento (excepto las partes electrónicas) está programado digitalmente; cada uno fue grabado por un músico que domina su instrumento. Además, tanto Laure Le Prunenec como Laurent Lunoir demuestran una gran versatilidad como cantantes, ya que se sienten tan cómodos en registros operísticos como en voces guturales.

En definitiva, Savage Sinusoid es una experiencia de 40 minutos tan impredecible como maravillosa



Antes de terminar, me gustaría dar las gracias a Luis Monge, enciclopedia musical y redactor de Metal Hammer, quien me descubrió estos dos álbumes y me inspiró a la hora de escribir el artículo.

Con esto, os deseo un próspero y feliz 2018. ¡Salud y buena música!

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