miércoles, 6 de diciembre de 2017

Manic Street Preachers - Everything Must Go (1996)



ÁLVARO: Hoy es el día de la Constitución Española. Dato curioso. Eso tiene que ver, de alguna manera u otra, con el disco que reseñamos a continuación, un clásico de un trío galés que respondían al nombre de Manic Street Preachers. Y como quien nos pidió esta crítica es también nuestro metalero becario, Zlatan, pues le llamamos a filas (o se llamó él, ya no sé) para que nos apoyara. Somos tres, como tres eran los Manics, aunque a nosotros no se nos ha perdido nadie. ¿No?

ZLATAN: Hombre, por el camino han pasado muchos redactores que desaparecieron. Pero tenemos noticias suyas, no como en el caso de Richey Edwards, del que no se sabe si está en la India, en las Canarias, muerto tras tirarse por un puente o preparando su regreso a los Manics.

JORGE: Bueno, ahora que se ha callado el pesado infiltrado este, hablemos los mayores. Como han dado a entender mis compañeros, Richey Edwards, guitarrista y co-letrista de los Manics cuando aún eran cuatro, desapareció un aciago día de 1995, o por ahí. Este disco, que salió un año más tarde, supone la evolución del también increíble The Holy Bible, y en muchos aspectos, si no todos, un puente con la etapa de Edwards y un testimonio de que los Manics no estaban, ni mucho menos, acabados. ¿Sí, o sí?

A: Ja. Que es sí, en alemán. Eran circunstancias excepcionales las que rodeaban a los Manics por estas fechas, y la decisión de continuar o no haciendo música tuvo que ser extenuante, un verdadero calvario con dud... ah no, que en cuanto volvieron a juntarse lo tuvieron claro. Las letras de Edwards, de hecho, tampoco se echan de menos por muchos motivos. El primero es que cinco canciones hacen uso de sus versos, y el segundo que Nicky Wire tiene un estilo bastante parecido. Imágenes crudas y concretas, estribillos de estadio, guitarras y orquestación. Unos nuevos Manics para una nueva etapa.

Z: No hay duda que Edwards está en el disco. No solo por las letras que él compuso, sino también en varios momentos; ya sea indirectamente o ya cuando no se cortan y se refieren a él, como el caso del tema que da nombre al disco “Everything Must Go”. Edwards era sobre todo la estética, el alma y alguien polémico capaz de cortarse en directo en plena entrevista. Está claro que sus compañeros le echan de menos, pero también veo que siguen su camino y una evolución clara al britpop.

J: A menudo se ha comentado, también por los propios integrantes, o eso he leído, que este es el álbum “menos Manic” de su carrera. A pesar de ello (o precisamente por ello), es uno de sus más conocidos, y de los que más fácil resulta escuchar y disfrutar desde la primera nota (The Holy Bible, por ejemplo, me requiere un poso mayor). En buena parte se debe a todo ese guitarreo con estribillos de estadio, que se perpetúa desde el tema homónimo ya mentado hasta otros grandes clásicos de la banda. “A Design for Life”, para empezar, que no sé si es un himno a la clase obrera o una premonición de El Club de la Lucha, pero que mola bastante.

Z: Es un himno de borrachos. Evidentemente me encanta. Si tuviera que destacar dos canciones que se me hayan pegado a la cabeza tras las escuchas elegiría a este último y “Australia”. No sé si estáis de acuerdo.

A: “Australia” es quizá lo más descaradamente pop que ahí aquí, con ese tema de escapismo también relacionado con la desaparición de Richey. Es difícil destacar temas, porque es un disco muy uniforme: “Everything Must Go” utiliza las cuerdas spectorianas en el estribillo como nadie más en el britpop (quizá The Verve, o algo), lo que resulta sorprendente sabiendo de dónde venían. Es que en general me quedo con toda la primera cara, desde la sarcástica “Elvis Impersonator: Blackpool Pier” hasta la que tal vez sea la más conmovedora de todas, “Small Black Flowers That Grow in the Sky”, una balada con arpa que compara las experiencias personales de Edwards con las de un tigre enjaulado. Todos esos temas me parecen increíbles.

J: Estoy bastante de acuerdo. La uniformidad del disco es tan destacable que me cuesta poner unas canciones por encima de otras. De las que ya hemos ido mencionando “Australia” me gusta, pero no se me grabó a fuego en una primera escucha; “Elvis Impersonator”, por otra parte, no la entiendo demasiado, y no sé si es solo cosa mía, y “A Design For Life” la tenía muy oída ya (aunque sigue siendo soberbia). Eso sí, “Small Black Flowers That Grow in the Sky” me enamoró desde el primer instante, y quizás sea para mí el gran descubrimiento de este disco. O el segundo gran descubrimiento, junto con la inesperada “Kevin Carter”, también en esa primera mitad, que dedican al fotógrafo ganador del Pulitzer y suicidado por esas fechas del mismo nombre (fun fact: en una primera escucha entendía “heavy cutter” y pensaba que era una canción sobre guardacostas, porque, hey, mi mente funciona así de mal).

Z: Estoy de acuerdo con que la primera mitad del disco es soberbia. También me pasa que, más allá de los temas que más se me han pegado, me gustan más los temas donde Edwards había participado. Ya habéis mencionado “Kevin Carter” o “Small Black Flowers That Grow in the Sky” pero también me pasa con “Removables”. Dicho esto, estoy repasando “Interiors (Song for Willem de Kooning)” y también sigue la estela pop de “Australia”. ¿En otros discos eran tan pops como aquí?

J: Yo diría que antes de este no lo eran tanto. No en The Holy Bible, creo, y aunque los dos primeros los he oído más bien poco, tengo entendido que llevaban un rollo más punk-rock. Eso sí, luego volverían a sacar a relucir con muchísima fuerza la vena pop. No hay más que escuchar, por ejemplo, hitazos como “Your Love Alone Is Not Enough” o “(It’s Not War) Just The End of Love”. ¿Cierto, Álvaro?

A: Sí, se volvieron más pop con los años, aunque Generation Terrorists no está tan alejado de lo que escuchamos aquí (si bien con una producción y un sonido más descuidado, y algún dueto con actrices porno que siempre queda bien). Y por cerrar un poco la opinión, he de decir que los dos temas finales, “Further Away” y especialmente la espléndida “No Surface All Feeling” (esta última ya apunta a sendas futuras) están sin duda al nivel de los iniciales, aunque puedan pasar algo más desapercibidos por su ubicación. Es un disco asequible y de una calidad innegable.

J: “No Surface All Feeling” me resulta un tema absolutamente increíble y desgarrador (supongo que en parte por las circunstancias que rodean al álbum), de una manera que quizás solo diría de otro single, anterior, de los Manics, como es “Motorcycle Emptiness”. Si es cierto que quizás al encontrarse al final no se destaquen tanto, pero suponen un cierre perfecto y bastante mítico a este trabajo, sin duda.

Z: La verdad es que me dan ganas de cortarme las venas o de irme hacia no sé donde mientras oigo el tema. Y coincido, de hecho he reparado en este tema ahora en la última escucha al disco. ¿Algo más que decir o pasamos a las valoraciones?

J: Por mi parte, querría hacer mención a algo con que me he topado leyendo sobre este disco: según la gente, el tema “The Girl Who Wanted to Be God”, del que creo no hemos hablado aún, es “one of the most uplifting and unabashedly positive”, porque es catárquico o nosequé leches. Un tema que se abre con el verso “There are no sunsets, there is just silence”. A ver, que para estar inspirado el título/estribillo en algo de Sylvia Plath pues sí que resulta positivo en comparación, pero madre mía los traumas de la gente.

A: Un día tendrías que hablarnos detenidamente de Sylvia Plath y sus campanas de cristal. O tal vez no. Tal vez deberíamos ir ya a los votos y esas cosas.

J: Que comience nuestro invitado, sugiero yo. Plath para otro día.

Z: ¿Invitado? Pero si ya tenemos un acuerdo verbal. Yo ya estaba esperando mi presentación por todo lo alto. En fin, el disco me encanta pero reconozco que es demasiado blandito para mi gusto. Si tengo que poner una nota le pondría un 8’5.

A: Estás en período de prueba todavía.

Z: “Zlatan no hace pruebas”, como bien dijo Zlatan Ibrahimovic.

J: Que te calles ya, so pesao. Yo voy a ser más mejor persona, y le voy a dar un pedazo de 9’25 como una catedral. Pero porque la portada que homenajea un poco a la del anterior trabajo mola mucho también. A ver, el jefe.

A: El jefe da la razón al becario. Porque yo también le pongo un 8’5, no porque sea blandito. Es uno de mis discos favoritos, la verdad, y por eso como símbolo adjunto un corazón () así muy precioso para dar fe de mi amor por los Manic Street Preachers. Y ya está.

J: Pues ya está, pues sí, pues eso. Pues ahora qué.

Z: Podemos hablar de OT con libertad hasta que Jorge haga como Richey Edwards. Yo creo que esta es la última semana de Cepeda. Eso o la lía muy a lo bestia con un ejército de tuiteras detrás.

A: Sabes que no me puedo resistir a hablar de OT. Está claro que los apoyos de Cepeda parecen irse derrumbando y polarizando con cada semana. Hoy mismo ha sido criticado por no haberse despedido de Pastora Soler, que había ido a la academia a decir algo, o no sé. Cada día hay algo nuevo, pero no faltan los tweets en plan “quieren hundirte, pero cada ves que cantas veo majia #cequeda”. Y si hay algo que no respetamos en un blog de música serio como Rockrítico, es el apoyo ciego a un triunfito. Puestos a apoyar, apoyemos a Ana War, que es la más grande, altanera, presiosa, orgullosa, etc.

J: Como sigáis hablando de OT a quien voy a imitar no será a Edwards, sino a Plath. Aunque total, ya tengo sustituto que sabe tan poco de música como yo en este blog, así que a quién le importa. Lo que yo haga. A quién le importa… Et caetera, et caetera.

A: Ay, mira, van a cantar esa la semana que viene en la gala. Deberías verla porque seguro que te gusta. Con lo que adoras tú a Alaska.

Z: Yo he oído rumores de guerra entre Ana War y Cepeda. Y claro, ante la reina poco se puede hacer. Pero bueno, podemos seguir hablando de ello para que Jorge cumpla su promesa. 

J: [static noise]

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