sábado, 19 de enero de 2013

Adele - 21 (2011)


Año 2011. El mundo de la música se presentaba bastante apocalíptico, con productos artificiales dominando la listas y fundiendo los cerebros de las quinceañeras a base de Autotune. Yo estaba refugiado en mi Rock and Roll, agazapado bajo la incesante lluvia (de mierda) en mi refugio guitarrero y agarrado al Black Holes and Revelations de Muse como última esperanza de música actual decente. Y de eso que, entre Beyoncé y el “machote” de Justin Bieber, suena Rolling in the Deep en la radio. “Santo Dios, ¿qué demonios es esto, y cómo ha llegado aquí?” pienso, incrédulo. ¿Queda algo de esperanza para la música, después de todo?



Adele era una británica con una vida tranquila, familia humilde, estudiante de música en la BRIT londinense, todo muy normal, hasta que a algún amigo suyo se le ocurrió subir unas canciones de la futura diva al MySpace, allá por 2006. Viendo el potencial de la chica, multitud de compañías discográficas se lanzaron a por ella cual aves rapaces, desesperadas por algo nuevo, y finalmente fue el sello XL el que consiguió sus servicios, y editó el debut de Adele, "19", en 2008.

El disco funcionó bastante bien en Europa, y en general en todas partes. En Estados Unidos, eso sí, a pesar de llevarse dos Grammys en 2009 y haber llegado a actuar en el "Saturday Night Live", Adele no terminaba de cuajar. No obstante, un par de giras después, Adele ya estaba inmersa en la composición de su siguiente álbum. El plan era simple, trabajar con productores y compositores externos, sobre todo Paul Epworth (que ya había colaborado previamente con Bloc Party entre otros), grabar unas cantas sesiones, y pasarle las grabaciones al señor Rick “hola, también estoy aquí” Rubin, con el fin de que produjera el disco. No obstante, la británica sorprendió a propios y extraños por su valor, cuando decidió quedarse sólo con cuatro de las canciones producidas por Rick Rubin: el resto del álbum lo integran las maquetas de las primeras sesiones de grabación.

Yo no me canso de repetir que las experiencias personales, especialmente las traumáticas, son las que marcan a los artistas. Es curioso como es el ser humano, porque resulta que justo antes de empezar estas sesiones, Adele había terminado una relación amorosa muy intensa. Y por supuesto, el disco que estamos comentando ahora, "21", está plagado de preciosas canciones de desamor, siendo esta la tónica principal de la obra, y a su vez su principal acierto. Adele era una artista con potencial, pero hacía un pop bastante planito y comercial, sin mucha miga. Las canciones no salían tanto del corazón como de la cabeza, y ese es el punto de inflexión. El "21" es un disparo directo al corazón (si está roto, mejor que mejor), un torrente soul y pop enamorado de las buenas melodías, y en definitiva, un cóctel de desengaño y amor desaprovechado absolutamente hermoso.

Por todos es conocido lo que ocurrió cuando salió el "21" al mercado. Entró de golpe en todos los Tops de todo el mundo, sus canciones sonaban en todas partes, arrasó en los Grammy y dominó la escena musical: en la era de I-Tunes, Spotify y de la piratería por doquier, este "21" lleva ya diez millones de copias vendidas. Los más críticos afirman que Adele ha venido a llenar el vacío dejado por Amy Winehouse, cuando murió a causa de sus excesos, haciendo honor a su apellido. Sin embargo, la calidad intrínseca de Adele es incontestable, para comprobarlo, vamos a repasar el álbum canción a canción.

El disco abre con “Rolling in the Deep”, un ejemplo de power pop contundente y compacto. La canción es completamente reconocible a los cuatro segundos. Es There´s a fire starting in my heart ya es historia de la música. No obstante, la canción prosigue con un ritmo muy marcado, con una batería sólida y un piano que está siendo aporreado con toda la fuerza de un corazón roto. El estribillo es una maravilla, absolutamente emocionante y pegadizo (las toneladas y toneladas de versiones que se han hecho en Internet de esta canción son testigo de esto mismo). Pero ninguna de estas versiones se acercan a la portentosa voz de Adele. Registro grave, con personalidad, contundente y tierna a la vez. Qué maravilla.

El siguiente tema, “Rumour Has It”, es más groovy, aún más rítmico que el anterior, pero la desesperación del “Rolling in the Deep” es sustituida por una deliciosa mala leche al más puro estilo Rock and Roll. La letra, aunque simple, está inteligentemente construida, gira en tornoa la frase que le da título, y en las estrofas práctiamente son las mismas palabras, el mismo mensaje, pero cambiando la persona a la que se dirige (she en la primera, you en la segunda), aportando dinamismo al tema. Con todo, Adele sigue dominando la canción con una voz portentosa, sustentada en una base rítmica muy bailable.

Seguimos con una tierna balada, de nuevo con temática de desamor, “Turning Tables”. Cambiamos los ritmos contundentes por un piano solitario, unos sutiles arreglos de cuerdas y la voz de la diva en un registro mucho más íntimo. Uno de los aciertos de este "21" es el hecho de no mostrar al artista como alguien superior e inaccesible, sino un ser humano, que sufre y con el cual te puedes identificar. Esta canción es una de las mejores pruebas de ello. No, I won´t let you, close enough to hurt me (No, no te permitiré acercarte lo suficiente como para que me hagas daño), reza el estribillo. ¿Quién no ha pensado eso alguna vez?

“Don´t You Remember” sigue en la misma tónica, balada íntima, esta vez con una banda al completo, voz cautivadora y letras cargadas de desamor. La parte C, con la sección de cuerdas más marcada, es especialmente cautivadora, aunque todo sea dicho, ésta canción no le mantiene el nivel a las tres primeras del disco. Uno piensa que esto empieza a ser monótono, siempre la misma idea de “cantante con el corazón roto”, y en parte, esa es la mayor lacra del disco…

Pero se te olvida por completo cuando empieza a sonar “Set Fire to the Rain”. Vale, va de desamor, y mucho, pero es una canción tan cautivadora que te olvidas de todo. Si las anteriores canciones eran más íntimas (excepto “Rolling in the Deep”), este tema asume su grandilocuencia con los brazos abiertos. Y resulta ser un acierto, porque pocas veces he oído una canción así de emotiva. Volvemos a tener una base rítmica muy sólida, que va empujando la canción, un piano bastante marcado, y la voz de Adele alcanzando cotas estratosféricas de emoción y dolor. Todo esto es elevado al cuadrado cuando entran las cuerdas a enfatizar todas estas características: resulta ser un arreglo simple (no más de cuatro violines), pero muy, muy efectivo, que te toca profundamente el corazón.

Llegamos al ecuador del disco con “He Won´t Go”, una canción bastante pop, pero del pop con toques de soul, sesentero, heredero de la Motown, pegadizo y efectivo. No obstante, este 21 tiene un problema serio, muy común en la múscia moderna. A partir de la mitad del disco, se desinfla. Perdemos calidad y tenemos canciones algo más monótonas, casi de relleno. Afortunadamente, la encandiladora voz de Adele salva bastante los muebles. Caso de “Take It All”, que sería una canción bastante al uso, pero cuenta con esta maravillosa voz. Sorprendentemente, es uno de los puntos álgidos vocales de Adele en este disco.

La música prosigue con “I´ll Be Waiting”, una canción que gracias a Dios es mucho más animada y positiva, que ayuda a seguir adelante con el disco sin tener que recurrir al Prozac para terminarlo. Temita muy groovy, dinámico y enérgico, que te levanta el ánimo. Sin embargo, al concluir este corte salimos de la zona más mediocre del disco (que ojo, ya quisieran todas las que van de divas hoy en día la mediocridad de Adele), para encauzar la maravillosa recta final de este 21.

La siguiente canción es “One and Only”, primera canción de amor no desesperado del álbum, y una de las que produjo Rick Rubin. Esta es una canción que se va desarrollando de forma elegante a lo largo de las primeras estrofas, siendo brillante e íntima a la vez, con un bonito estribillo, desarrollo que te va preparando para una parte C maravillosa: acordes de piano solitarios, con reminiscencias al “Purple Rain” de Prince, al que se le van añadiendo la voz de Adele, coros, segundas y terceras voces arreglos de cuerda y orquestación en general, para ir aumentando la intensidad poco a poco, y alcanzar el clímax en la transición al estribillo. De manual.

A continiuación, tenemos una versión del “Lovesong” de The Cure. Si la original era pop británico en la onda de los New Romantics de los ´80, esta versión opta por un toque acústico, acercándose a influencias latinas y al Bossa Nova. Y la hace suya, dándole un enfoque mucho más tierno, íntimo y profundo, incluso sensual, que la original. Mención aparte para el cautivador solo de guitarra española, toda una lección de elegancia y sencillez.

Y llegamos al punto álgido y clímax del 21: “Someone Like You”. La canción trata de la superación de la ruptura que marcó la composición del álbum, y resulta ser dulce y triste a la vez. Estructura muy simple, par de estrofas con sus estribillos, parte C y estribillo final, con una instrumentación aún más simple: piano y voz. Y ya. Pero la contundencia con la que te desgarra el corazón no tiene parangón. La canción sabe captar ese extraño espacio agridulce que queda tras una ruptura a la perfección. Además, consigue con elegancia torera y pasmosa facilidad llegarte al corazón, sin artificios ni historias. Para más inri, Adele grabó la voz de esta canción de una sola toma, cuando en ese mismo día se había fumado un cigarrillo cada 25 minutos. Los que hayan grabado alguna vez un disco o una maqueta sabrán la dificultad que conlleva esto. Legendario.

El 21 de Adele resulta ser todo un hallazgo hoy en día, fundamentalmente por el hecho de ser música de verdad, surgida de forma orgánica, no artificial, sin fórmulas preestablecidas ni Autotune. La calidad del 21 es innegable, y ha llegado donde ha llegado por méritos propios. Es la prueba fehaciente de que si se apuesta por la calidad, acaban surgiendo cosas verdaderamente buenas, y se venden bien. Debería servir esto de reflexión para los magnates que invierten en músicos como si fueran yogures. Hay esperanza, hay música verdaderamente buena ahí fuera hoy en día, pero claro, es necesario apostar por ella. 

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LO MEJOR: La cautivadora crudeza de “Someone Like You” y “Turning Tables”. El abrumador ritmo de “Rolling in the Deep”. “La grandilocuencia perfecta de “Set Fire to the Rain” y “One and Only”. La maravillosa versión de “Lovesong”. Que haya esperanza para la música.

LO PEOR: Ser incapaz de escucharlo por prejuicios. Cierta monotonía en la temática del disco: el nivel decae a partir de la segunda mitad por ser repetitivo en su temática, aunque lo recupera con creces en los tres últimos cortes.

VALORACIÓN FINAL: 8´7/10 (****1/2). Le falta variedad para ser perfecto, no obstante, es una verdadera perlita, absolutamente inesperada para los tiempos en los que vivimos. Esperanzador.

1 comentario:

  1. Fantástico disco, la verdad. Tiene como mínimo cuatro temazos, y entre ellos "Rolling in the Deep", que es un himno moderno.

    Ahora tendré poner algo de industrial metal, que mi hermana debe estar muy contenta ahora que he puesto el disco entero. Toca fastidiar xD.

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