miércoles, 25 de octubre de 2017

Big Brother and the Holding Company - Cheap Thrills (1968)


ÁLVARO: Hoy traemos, más que un disco, un acontecimiento que agitó los cimientos de la música pop tal y como la conocemos. Muchos años después, seguimos recuperándonos de las consecuencias que tuvo, para bien y para mal. Efectivamente, estoy hablando de Operación Triunfo. Porque en teoría íbamos a reseñar Cheap Thrills, de Big Brother & the Holding Company, banda que incluía a Janis Joplin. Pero entre que Jorge me dice que no se lo ha preparado mucho, y que Janis, por buena que fuera, no supera a ninguno de los 16 candidatos a triunfito que ahora mismo están enclaustrados en la academia en carisma o calidad vocal, pues igual pasamos del tema, ¿no crees?

JORGE: Pero bueno, pero bueno, qué ofensivo para con Janis Joplin es eso. Qué problema tienes tú con ella, a ver. A ver.

A: No es que tenga problema con ella, me parece una cantante espectacular, con una voz rota muchas veces imitada pero nunca igualada, salvo quizá por Ruth Lorenzo. Pero su capacidad para irritar, a algunos oídos por lo menos, está over nine thousand, con chillidos que algunos críticos a los que he leído les recuerdan al graznido de un cuervo. No digo que yo me incluya entre esos de tímpano sensible, pero si a la gente le dan a elegir entre Janis Joplin y Ana Guerra, la Shania Twain de Burgos, pues el 90% se inclinará por la segunda opción. Quizá deberíamos hablar de la banda, o del contexto del disco, o algo por el estilo.

J: Coincido con la opinión de la espectacularidad de su voz rota, claro, el principal activo de Joplin, y aunque no comparta lo de su irritabilidad, puedo comprender que a alguna gente le parezca así. La gente es imbécil, por otra parte: quién quiere a Shania Twain teniendo a Chenoa. En cualquier caso, lo cierto es que he decidido tomarme esta crítica como Joplin la vida y los directos: sin preparármela. No sé si eso es cierto, probablemente no, pero me sirve como excusa. Como fuere, Joplin no es lo único que ofrece esta banda, liderada por Sam Andrew, aunque sí es lo que más se recuerda; al menos hasta el momento de lanzarse este segundo disco, justo un año después del debut, y el último en que nuestra querida cantanta estuvo presente. ¿Cierto?

A: Disculpa, estaba viendo el 24 horas de OT. Sí, Janis Joplin fue reclutada por la banda y poco a poco se convirtió en el foco de la atención, cosa que lógicamente molestó a sus compañeros, aunque supongo que en el fondo lo entendían perfectamente. Lo que hizo que acabara marchándose, en diciembre del 1968 que vio nacer este disco, fue más una diferencia creativa: las limitaciones de una banda de blues psicodélico improvisado eran demasiado para ella, que quería meter trompetas y cosas, así que muy amigablemente separaron sus caminos. Y aunque alguno de los discos en solitario de Janis sean quizá más admirados (Pearl en particular), este es el comienzo de la leyenda. Una leyenda corta, pero leyenda, supongo.

J: Corta pero intensa, y cimentada, voy a ir ya a la chicha, en dos de los temas más conocidos del grupo, y centrales de este trabajo: “Summertime” y, sobre todo, “Piece of My Heart”. Mis favoritos (no hace falta que lo diga, quizás), y ambos, casualmente o no, covers, de Gershwin uno, y de la hermana de Aretha Franklin el otro. Que no sé cómo se llama. Voy a mirarlo. Erma Franklin. Que en realidad era la intérprete original, no la compositora, pero a nadie le importa quién lo compuso, no vamos a engañarnos. ¿Sigo, o añades algo entre pausas de OT?

A: A alguien le importará quién lo compuso, por temas de royalties sobre todo. Las composiciones originales de la banda son tirando a flojitas, sin remilgos. El disco empieza con “Combination of the Two”, que viene a ser el tema calientamotores en este concierto falso que es este disco (las fuentes se contradicen en cuanto a qué temas son verdaderamente en vivo, aunque suelen coincidir en que la larga versión final de “Ball and Chain” lo es). Janis Joplin está reducida más a un segundo plano aquí, haciendo coros, mientras San Andrew canta las estrofas. No está mal, para empezar, pero tampoco es espectacular.

J: No diría tanto como que sus composiciones propias son flojas, pero sí que opino eso de este tema que abre, básicamente para decirle a la gente “estamos aquí, bailad”, y con una letra de lo más insípida que sorprende de pronto con un único verso que mola bastante (“Even though you've never been that doesn't mean you'll never be”). Y ya. Andrew repite a la composición con el segundo tema, esta vez con Joplin a su lado y a la cabeza del apartado vocal, en “I Need A Man To Love”. Lidera ella toda la canción, que aunque tiene pasajes de guitarra, cortesía de… no sé (Andrew, James Gurley, Peter Albin o quien sea); pasajes, en fin, digo, muy interesantes, pero no tanto como la desgarrada voz de Joplin, especialmente hacia el final de la canción, mientras habla de lo obvio. Mejor que el anterior, pero claro, es en el tercer tema cuando llega lo bueno.

A: Sí, la versión de “Summertime” es la exhibición perfecta para la voz de Janis, en esta versión como decías de Gershwin que tantas grandes del soul y el blues han adaptado en algún momento: Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Lorena de OT... La de Janis es considerada por algunos la mejor, y aunque no sé si estaría de acuerdo, no puedo negar que es excelente. Es una canción que necesita más sutileza tal vez de la que la señorita Joplin era capaz de aportar, pero los fuegos artificiales no están mal de vez en cuando.

J: Es un poco el eterno debate, entre la sutileza que parece pedir la original y la fuerza arrolladora que le da aquí el grupo. Como Hendrix con “All Along The Watchtower”. O quizás no, pero yo lo digo porque sí, porque me da la gana. Con todo, si “Summertime” sirve a la perfección para lucimiento de Joplin, lo mismo sucede con “Piece Of My Heart”, que es, básicamente, los 60. Así, sin más. Sin rastro ya de la tranquilidad que subyacía en la fuerza de la anterior, aquí el dolor de una relación ida al traste se hace notar en cada verso de ese magnífico estribillo (y lo que le precede: “But each time I tell myself that I, well I can't stand the pain / But when you hold me in your arms, I'll sing it once again / I'll say come on, come on, come on, come on and take it / Take another little piece of my heart now, baby…”). Me parece un tema impresionante de principio a fin, con unos coros bien llevados y una percusión excelente. De las guitarras no hablo porque es obvio.

A: Sí, es un tema que se presta muchísimo más a la desgarradora voz de Joplin y es, como ya sabemos, uno de los grandes clásicos de los 60 y quizá la canción que más se asocia con Janis. Y las guitarras sí, son excelentes. Hay también muchas críticas a la mediocridad técnica de la banda, que si a veces no estaban en ritmo, o que si la cagaban a menudo. Tonterías, en mi opinión. En San Francisco lo importante no era saber tocar, y casi todas las bandas de la época estaban demasiado hasta arriba de psicotrópicos como para diferenciar entre una guitarra y un oso de los Apalaches. Demasiado bien suenan para lo que deben de llevar encima. Esta psicodelia se ve reflejada en “Oh, Sweet Mary”, un tema poco más que correcto que tiene un sonido proto-stoner, o algo así. Igual digo demasiado a menudo lo de que algo suena a Black Sabbath, pero...

J: Pero llevas bastante razón. Lo que me gusta de “Oh, Sweet Mary”, y que para mí hace que destaque un poco más sobre otros (a pesar de que, como dices, en realidad es correcto), es su cohesión instrumental, fruto quizás de ser la única canción del trabajo en cuya composición participó el grupo al completo, así como que a la voz sea Andrew el protagonista (un aire a lo Ian Anderson me da, quizás es cosa mía), algo que da un soplo de aire fresco. Por otra parte, estamos ante, quizás, la mejor batería del trabajo, acompañada por unos solos de guitarra de lo más guay. Veo potencial para que fuera la mejor canción del disco, o casi, aunque al cabo me da la sensación de ser un potencial desaprovechado. Y quizás lo mismo siento con “Turtle Blues”, un tema compuesto por Joplin que va de que es una tortuga cachonda, o algo así.

A: A mi Andrew me suena más a Greg Lake, pero no sé. “Turtle Blues” es un blues (NO ME DIGAS) de piano vodeviliano a lo Bessie Smith, que Joplin veneraba muy fuerte. Los dobles sentidos obscenos estaban a la orden del día en las canciones de Smith, así que lo de la tortuga cachonda es casi comprensible. Casi. Y como ya decíamos, se cierra este álbum con “Ball and Chain”, de nueve minutos de duración, y que sirve para reflejar aunque sea un poquito lo que podía dar de sí la banda en directo, como ya hizo en Monterrey, el concierto que les convirtió en una de las bandas más prometedoras de la costa oeste.

J: “Ball and Chain” es agotadora, y no lo digo a malas, sino que simplemente destaco que la fuerza arrolladora y el desgarro de Joplin de los que ya hemos hablado se hacen mucho más llevaderos en el resto de temas (de 4-5 minutos todos) que en este (que son casi 10, de hecho). Con todo, tiene un gran estribillo y me parece un cierre magnífico. Y poco más. Bueno, a colación de los dobles sentidos obscenos quizás quieras hablar de la portada y el título del disco.

A: Ah, que tengo que hablar yo. Pues no quiero.

J: ¿A que hablo yo?

A: Habla tú SI PUEDES. Que estoy viendo OT.

J: Básicamente, lo que sucede es que en Columbia Records eran un poquito mojigatos, y vetaron tanto el título original (Sex, Dope and Cheap Thrills, o sea, “Sexo, droja y emosioneh baratah”) como la portada (en la que se les veía a tós en cueros metidos en la cama). Para bien, al menos en el segundo caso (el título estaría sujeto a debate, quizás), esa mojigatería y el amor de Joplin por los cómics llevaron a que el trabajo del mítico dibujante Robert Crumb se convirtiera en la portada, en lugar de la contraportada: viñetas y más viñetas que combinan los títulos de las canciones, juegos de palabras y visuales, los créditos de composición y pollas, y en general, pues algo de lo más original que haya visto. Mucho más que media docena de seres en pelotas, vaya, que eso ya lo hizo El Koala. Creo. Quizás no.

A: No lo recuerdo, pero tal vez lleves razón. En fin, yo creo que poco más hay que decir, podemos pasar tal vez a las notas. ¿Qué notas?

J: El Nota sí que debería pasar por aquí. Y en cuanto a la cosa numérica con que las obligaciones contractuales me atan las manos para que no pueda librarme, le voy a dar un 8’25 al disco, así a ojo de buen cubero.

A: Me parece bien. Yo le voy a dar un similar 22. No voy a justificarlo porque no quiero. Ya llevo un rato escribiendo y viendo OT y estoy harto.

J: Pues entonces nos vamos. Cierra tú, si quieres, gritando cosas. O NO, ESPERA, ANTES EL ANUNCIO. QUÉ PASA LA SEMANA QUE VIENE, QUÉ.

A: Ah, sí. Para celebrar el 100 aniversario de la firma del tratado de Lansing-Ishii, el mes de noviembre en su integridad será dedicado al Japón. Música japonesa, cosas japonesas, sushi, karaoke, pachinko, desastres nucleares, esas cosas. Igual escribimos cosas en japonés, pero no sé japonés. Pero eso, el llamado JAPOMÉS empieza en noviembre, y queremos descubrir la ampliamente desconocida cosecha musical del imperio del sol naciente.

J: Pues ahí queda. ¿Puedo cerrar? Porfa, porfa, porfa.

A: Cierra la puerta al salir.

J: Vivan Tomoe Gozen y Miyamoto Musashi, samurái ya(k).

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