domingo, 13 de agosto de 2017

Rockrítico Weekly: Nina Simone + The Hush Sound + The Church

NINA SIMONE - PASTEL BLUES (1965)




Nina Simone es, obviamente, una de las grandes, la dama del piano bar en la que cantaba mordaces críticas al racismo imperante en frente de un público blanco que lo tragaba entre risas nerviosas. Así que su voz, tan personal, tan única, estaba abocada a dividir a quien lo escuchaba, ya bien por sus provocativas letras o por su peculiar timbre, que desde luego es un gusto adquirido, aunque increíblemente influyente (hola, Jeff Buckley; hola, Anohni).

El homenaje a las grandes del blues está servido: la dama de satén, Billie Holiday (la siempre escalofriante "Strange Fruit", por supuesto, con una interpretación vocal sublime, pero también "Tell Me More and More and Then Some"); y la reina del vodevil Bessie Smith de "Nobody Knows You When You're Down and Out", quizá la más clara predecesora artística de Nina. El virtuosismo de Nina como pianista se puede apreciar en muchos de estos temas, que en su mayoría son temas de blues ligero sin demasiado complicación, cuyo mayor atractivo es la personalidad magnética de la intérprete, pero "Be My Husband" no podría tener menos arreglos: un platillo, golpes como de tacón y la suplicante voz de Simone, tan llena de matices. Pero claro, el tema que destaca muy por encima del resto es la descomunal "Sinnerman", diez minutos de platillos chispeantes, intercambios con el coro, jadeos y sermones ancestrales que culminan en lo que podría ser uno de los mejores clímax de la música, con un poder hechizante que erizará tus cabellos una vez sí y otra también. El álbum va de lo meramente decente a lo primordial, así que es difícil de valorar, aunque las joyas que contiene hacen más que necesaria su escucha.


VALORACIÓN: 23/30

RECOMENDADO PARA: Una velada tranquila con unas copas que de buenas a primeras se convierte en un exorcismo.


THE HUSH SOUND - LIKE VINES (2006)




"Like Vines" es una escucha infinitamente amena, treinta y cinco minutos de pop con mucho piano y una influencia de la corriente del emo adolescente que no le resta brillantez al conjunto (Patrick Stump de los Fall Out Boy aparece en la fantástica "Don't Wake Me Up", quizá la mejor del conjunto, y en otra de las destacadas, "Wine Red", sin ir más lejos). Hay mucho rayo de sol en esta media hora, con melodías acarameladas y divertidas, aunque tal vez demasiado Disney para el lector de Rockrítico promedio, por mucho que las dramáticas letras digan lo contrario. El núcleo de la banda son los dos vocalistas, que se turnan en la composición y en el cantar: Greta Salpeter, la dulce; y Bob Morris, el quejumbroso y teatral.

La primera salva es "We Intertwined", algo así como Ben Folds Five meets McFly, perfecta para mover un poco los pies al ritmo y pasarlo bien; otras, como "A Dark Congregation" o "Sweet Tangerine", son más melodramáticas al viejo estilo de los comentados emo-iconos. Las juguetonas líneas de piano, muy circenses y de las que tal vez se abuse, pueden resultar cargantes a aquellos que odien la felicidad o la sonrisa de los niños, y esas cosas, pero no me resulta un problema. No va a cambiar ninguna vida, probablemente, pero cumple con nota en su objetivo como colección de canciones decentes con gancho tanto melódico como emocional.


VALORACIÓN: 18/30

RECOMENDADO PARA: Emos con alegría de vivir.


THE CHURCH - OF SKINS AND HEART (1981)




Iba yo a reseñar otra cosa, pero el disco que me disponía a escuchar no está completo en YouTube ni Spotify ni nada, así que he decidido ir a lo seguro, y qué es más seguro que la calidad de la música australiana de los 80. Midnight Oil, INXS, The Triffids, Icehouse, The Go-Betweens, Crowded House, Hoodoo Gurus, y un largo, largo etcétera que por supuesto incluye a The Church, que en este su debut se disponía a mezclar el ya decadente post-punk con sonidos jangle para el jolgorio de unos pocos. "For a Moment We're Strangers" da inicio al álbum con poderío, demostrando el buen hacer melódico de la banda y la arrastrada voz de Steve Kilbey. Los guitarristas, Koppes y Willson-Piper, entretejen líneas que sustentan todas y cada una de las canciones.

El gran single del disco es claramente "The Unguarded Moment". La influencia sesentera es notable en esos riffs a lo Byrds, y las voces en octavas dobladas son un recurso muy bien aprovechado (la más aguda suena inquietantemente como Robert Smith). Tiempo hay también para la contemplación casi zen de "Is This Where You Live", cuyo discordante cambio de ritmo es quizá el mejor momento del disco, o el más inolvidable. Hueco hay en mi corazón también para la espasmódica "She Never Said" y la joya del post-jangle-punk-gótico-psicodélico "Fighter Pilot... Korean War". Lo mejor para la banda estaba todavía por venir, pero como debut, este es más que meritorio.


VALORACIÓN: 19/30

RECOMENDADO PARA: Un día lluvioso en el outback australiano.

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