jueves, 20 de septiembre de 2012

30 Seconds To Mars – I: Thirty Seconds To Mars (2002)


Corría el año 1998. El mismo año en que “Weird Al” Yankovic se dejó melena, Elton John fue nombrado caballero (mientras que George Michael era detenido por… bueno, ya imagináis por qué), Van Halen sacaba su primer disco con Gary Cherone y una transexual israelí ganaba Eurovisión. Y todo eso en cuatro meses, nada más (o eso afirma Wikipedia, yo no tenía ni idea). También fue el año en que se disolvió Faith No More, aunque lo compensara la formación de Black Label Society y Bullet For My Valentine… Erm, bueno, vale, sí, lo que queda claro es que el mundo musical se estaba yendo al carajo. O ya se había defenestrado a sí mismo y daba sus últimos coletazos. Da igual.

El caso es que en esta época de barbarie e incertidumbre, paseaba por los barrios de alguna ciudad perdida en su Luisiana natal un “chaval” de 27 años que respondía al nombre de Jared Leto, y que tenía encima un aburrimiento vital que no era normal. Sin saber qué hacer con su vida, y con una carrera en el cine que no acababa de despegar (aparte de co-protagonizar la serie My So-Called Life y tener un pequeño papel en La delgada línea roja, había hecho más bien poco), decide convencer a su hermano Shannon (que tocaba la batería) para montar una banda de… pues de lo que fuera, básicamente, porque no tenían ni ideas ni influencias muy claras. Durante tres años, no hacen básicamente nada, entre otras cosas porque la carrera de Jared empezaba a ponerse interesante (con papeles en El club de la lucha, La habitación del pánico y, sobre todo, Réquiem por un sueño, que siguen siendo de los más recordados que ha tenido) y porque, no nos engañemos, el grupo era un proyecto cutre familiar que tenían entre los dos. Sin ninguna posibilidad aparente de éxito.

Al final, en 2001, los hermanos Leto deciden darle un empujón a la cosa, y engañan al bajista Matt Watcher y a un par de guitarristas (Kevin Drake en directo y Solo Bixler en todas partes) para que se unan a ellos. Un año después, ya están sacando su disco debut, homónimo, con el extraño e incomprensible nombre de 30 Seconds To Mars. Pero el nombre no era nada comparado con lo que encontrábamos al escuchar el álbum.

Abre el trabajo uno de los temas más fuertes que presentaban aquí, “Capricorn (A Brand New Name)”, que ya me trae unas reminiscencias increíbles a grupos del estilo de A Perfect Circle (hay enfermos mentales por ahí que les comparan con Tool; el caso es que la influencia de Maynard James Keenan está clara). La producción es muy oscura, un tanto distorsionada y muy íntima, incluso en los pasajes más instrumentados, que se alternan con otros casi acústicos. Sintetizadores, guitarras chungas y una batería bastante decente acompañan a Jared mientras desgrana versos casi recitados (hasta que se le va la olla y empieza a berrear) en un tema que parece hablar del renacimiento (“Start again with a brand new name”… Tendría su lógica, dado que utilizan a un ave fénix en su logo…). Comentario gay: Jared en el vídeo está monísmo, todos tan jovencitos...

“Edge Of The Earth” es muy parecida, más oscura (en cuanto a letra, musicalmente no cambia demasiado la cosa, salvo que la batería gana presencia y se une a ella una guitarra acústica). Otra vez versos extraños (“Dive into the center of fate, / walk right inside of the gun, / look into the new future’s face”), mejor cantados esta vez, a varias voces. Momento susurrado sin instrumentación. Percusión que va creciendo hasta volver a las estrofas de antes. Y vuelta a acústica y susurros. Vaya. Aquí no berrea… Ah, sí, si lo hace. Al final de la canción, como era de esperar. Pocas sorpresas depara el disco, de momento.

Si me quejaba de lo extrañas que son las letras, en “Fallen” empiezo a creer que las ha compuesto el paciente de un manicomio. O un escritor de ciencia ficción. Son los dos únicos tipos de personas que cantarían “Yeah, I’ve been to Jupiter / and I’ve fallen through the air. / I used to live out on the moon / but now I’m back here down on earth”, para abrir una canción, además (ellos y Europe, pero la cuenta atrás está muy por encima de esto). Aquí Jared grita más que antes, lo hace más pronto, y se rodea de una instrumentación más sucia y ruidosa, que, sin embargo, crea un ambiente para la canción como no lo había logrado en temas anteriores. “All the whores have gone away, / now there’s nothing left for me”… La letra da qué pensar, la verdad. Bonitas guitarras al final, por otra parte.

Empieza “Oblivion”, y desde el primer instante el oyente avezado ya estará pensando que le recuerda a algo… Efectivamente, esto parece el “Entre dos tierras” de Héroes del Silencio, pero en lugar de ello nos encontramos con unas curiosas guitarras (lo siento, pero toda la canción suenan clavadas a las del tema de Héroes) y al mejor Jared a la voz en lo que va de trabajo. Menos oscura y más desgarrada, la canción no hace más que subir y bajar, perdiendo y ganando instrumentos cada pocos segundos, y ansiando un clímax que tarda en llegar, y que cuando lo hace no satisface del todo. La batería es genial, sobre todo al final, pero lo más destacable son las guitarras que hacen de puente entre estrofas.

“Buddha For Mary” tiene otra de esas letras paranoicas a más no poder, cosa que no extraña lo más mínimo cuando empiezan unos tambores tribales y sonidos electrónicos que acompañan a un susurro que nos retrotrae, directamente, al “The Raven” de Alan Parsons Project. Se “normaliza” la cosa con la entrada de Shannon y las guitarras, y Jared susurrando “This Is The Life On Mars” a lo David Bowie, para luego contarnos la vida de una tal Mary en una letra con bastantes tintes eróticos (“He said, can you hear me, are you sleeping? / She said, will you rape me now?”. Las guitarras son pura distorsión y repetición, pero tampoco importa demasiado, porque es la letra aquí lo que se lleva toda la atención (y con razón). No falta al final (aquí si sorprende, no hacía más que susurrar), un característico berrido de Jared. Así empezó Chester Bennington, y en 5 años se jodió la voz. Yo aviso.

Shannon es sin duda un batería muy interesante, y quizá por eso le dejan a él solito que se las apañe en la introducción de “Echelon”, un tema que se haría mítico y que daría nombre a toda la legión de fans que seguimos al grupo. Algo así como el “Blood Brothers” de Maiden, pero más raro, con más gemidos musicales y un estribillo demoledor (“Again and again and again and again/ I see your face in everything”). Ironías aparte, Jared mejora a la voz (ahora también canta a ratos, además de susurrar y berrear), y la letra comienza a entenderse y se hace más personal (“It took a momento before I lost myself in here, / it took a momento and I could not be found”) y psicológica. O algo así. El broche final del tema es una interesante sección instrumental de un minuto, que enlaza con el principio.

“Welcome To The Universe” comienza con una guitarra que adoro, pero cuando entra la batería y el resto de instrumentos, volvemos a la dinámica de los primeros temas. No suena igual pero casi. Jared alterna de nuevo susurros con algo de canto (poco) y berridos. Es bonito y la letra positiva (para variar), aunque bastante repetitiva. Repetir el título 18 veces y cerrar con un “A new day has begun” no cuela. Aunque incluyas la misma guitarra del principio, que me sigue gustando, al final.

Cualquiera pensaría que el octavo tema que escuchamos no pertenece a este disco. Sin preámbulos, “The Mission” comienza directamente con Jared cantando como no lo ha hecho en todo el trabajo, apoyado por Shannon y por la guitarra que se le une poco después. Pocos susurros, gritos más potentes que desgarrados, coros geniales y una letra épica (“Into the wild / I’m with a mission / over the hill / and come here with me”) cantada a ratos a capella quedan desvaídos al lado de un Shannon soberbio a la batería. Eso sí, la pieza merecía un final más directo que el que tiene.

Guitarras a toda velocidad abren “End Of The Beginning”, un título muy acertado teniendo en cuenta que solo quedan un par de temas para cerrar el disco. Aunque éste prometía ser diferente, cuando Jared comienza a cantar en las mismas voces desgarradas que antes, con la misma sencillez instrumental a ratos, e idéntica complejidad en otros momentos, la ilusión desaparece. Ingenuo de mí, otra vez me encuentro ante una letra que no comprendo (empiezo a pensar que soy bobo), pero que tiene estrofas que suenan geniales, como “If you take what you take / look in the eye of the test”, o ese “Now there’s a feeling I get / when I look to the left”. ¿Os suena? Cambiad “left” for “west”. Sí, señoras y señores, estamos ante dos versos de “Stairway To Heaven” (aunque con el “but it should never be said,/ start searching for a sign” que viene después ya cambia radicalmente). Inspiraciones aparte, el último minuto (y la batería que lo abre) son absolutamente soberbios.

“93 Million Miles” empieza rarita, muy espacial y psicodélica, con sintetizadores a lo Mike Oldfield y Jean-Michel Jarre (versión siniestra) y toques de Ayreon. El hecho de que los primeros versos sean “Where does your garden grow? / Tell me the secrets that you know, / another time, another place…” no ayuda nada a que esto tenga sentido, y parafrasear sus temas anteriores (“Welcome to the universo”) tampoco. Ni siquiera en los estribillos cobra la cosa un poco de lógica, y el hecho de utilizar versos de temas no ya anteriores, esta vez, sino de discos posteriores (el conocido “Come break me down” de “The Kill”, del que ya hablaremos, suena aquí susurrado) termina de convertir los berridos distorsionados que llegan de lejos en algo cuya extrañez es meramente anecdótica en comparación. Hay al final del tema, además, un pequeño corte instrumental que no viene a cuento para nada. Raro. Muy raro.

La canción que pone el broche final, “Year Zero” es, de lejos, la más grandiosa de todo el disco, y quizá la más parecida al rumbo que tomarían después, al menos instrumentalmente. Tampoco la entiendo, así que no tiene mucho sentido destacar la letra, salvo esa declaración de intenciones que parecen algunos versos (“We’ll never fade away”, repetido hasta la saciedad). Y Jared no está en su mejor momento. Shannon sigue tan soberbio como siempre, y las guitarras y el bajo oscilan entre lo extraño y lo bizarro. Con el “We’ll never fade away”, de nuevo, se cierra el primer capítulo en la historia del grupo.

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LO MEJOR: la ambientación que se logra crear a base de una gran coherencia en el estilo de los temas (si bien hay cierta repetición). Destacan “Buddah for Mary”, “End Of The Beginning”, “The Mission” y “Oblivion”.

LO PEOR: “Edge Of The Earth” o “Welcome To The Universe” son más flojas. El disco falla en su falta de madurez; es materia en bruto, sin pulir, y se nota mucho menos depurado y trabajado de lo que debería.

VALORACIÓN: 7,5/10.

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En general, este debut homónimo recibió buenas críticas, y es un disco con una coherencia envidiable, digno aterrizaje en el mercado musical de estos chicos. Pero para que nos entendamos, era como el Alien 3 de David Fincher: prometía, pero no era ni la sombra del splendor que llegarían a alcanzar más tarde.

Mientras tanto, tras el lanzamiento del disco, a Kevin y Solo les da por dejar el grupo, y a ambos les sustituye a la guitarra Tomo Miličević, tras imponerse en un casting. Luego, se tiran tres años, hasta 2005, girando cuando les apetece, con Jared Leto intentando mantenerse vivo en el panorama del cine y los otros tres haciendo lo que podían con el grupo. La verdad es que, en aquella época, nadie habría apostado un duro por ellos. No era la primera vez que un actor conocido (si bien Jared siempre quiso separar su carrera cinematográfica de la musical) montaba un grupo que, por bueno que fuera, no llegaba a triunfar: no hay más que ver a Russell Crowe and The Ordinary Fear Of God, o el extraño pop dantesco de Mila Jovovich, pasando por los devaneos con el blues de Bruce Willis y Steven Seagal (que canta mejor que actúa, por cierto). El mismísimo Johnny Depp es un guitarrista consumado, que ya ha tocado un par de veces en directo con Alice Cooper (y su “School’s Out”) o Marilyn Manson (“The Beautiful People”), por poner solo algunos ejemplos. El caso es que el grupo, después de este primer álbum, prometedor pero incompleto, parecía abocado al fracaso.

Y entonces llegó A Beautiful Lie.

4 comentarios:

  1. QUE TENSIÓN QUE HAS CREADO CON LA ÚLTIMA FRASE
    me muero de ganas de seguir leyendo la 2ª parte del articulo D:

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  2. Era la intención jajajaja Tranquilo, mañana la segunda parte, gracias por echarle un ojo a este ;)

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  3. sigo pensando que deberiamos crear una carpeta Dropbox para los usuarios del blog, para que subierais los discos que analizais/subir los discos que queremos que analiceis y asi tener un archivo donde encontrar la musica. porque vale que el Spotify esta muy bien, pero por ejemplo yo que soy mucho de llevar mi musica por ahi en el iPod y no tengo Spotify Premium pues me quedo con las ganas de escuchar este disco por ejemplo mientras me doy un paseo por ahi...
    JUST SAYIN' jajaja

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  4. Lo consultaré con Álvaro. Si la idea es maravillosa, desde luego, y al final creo que la pondremos en práctica. Pero ahora mismo nos ahorramos toda responsabilidad legal de derechos de autor en cuanto al acceso a los discos comentados por parte de vosotros, los lectores xDDD Y aunque con la idea de Dropbox que comentas, en principio no vulneramos esos derechos, podrían venir los de la SGAE a tocar las narices (cosa que nos daría publi, dicho sea de paso) xDDDD

    No sé, lo miraremos el lunes con calma, cuando quedemos para grabar el siguiente podcast, y te informaremos ;)

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