lunes, 13 de mayo de 2013

Tim Minchin – Ready For This (2009)




“If you’re a religious person… You might wanna put that out for about five minutes”

Tim Minchin mola. Y vosotros no.

Bueno, a ver, vosotros no sé, porque no os conozco a todos en persona. A Tim tampoco, pero solo con verle ya piensas “este tío esconde algo”. Y no es que lo esconda, es que grita su gracia y su talento a los cuatro vientos, normalmente, desde el momento en que le descubres (aunque en mi caso fue al redescubrirle... Ya le conocía tiempo ha gracias a una querida amiga inglesa de nombre Iona, a la que agradezco que me lo descubriera en primer lugar).

Como digo, solo basta con mirarle. Ojos claros, melena rubia desgreñada. Barba descuidada. Acento australiano, herencia del lugar donde se crió (aunque naciera en Inglaterra). Pies descalzos, siempre. Y muchas, muchas ganas de crear polémica. No solo eso, sino que es una persona tremendamente prolífica, capaz de saltar de la seriedad de un cover del “Hallelujah” de Cohen al registro de músico cómico que tan popular le ha hecho, pasando por musicales como el tremendamente popular Jesucristo Superstar, donde su interpretación de Judas fagocitó sin la menor discusión al resto del reparto (ex-Spice Girl incluida); o Matilda, el Musical, en que la música y las letras las compuso él. Además, no solo es un cantante fabuloso, sino también un pianista con un talento enorme. Su talento como showman podía haberle convertido en una estrella del rock, pero en sus propias palabras esa esperanza acabó cuando “lo jodí, como todo lo demás, por no saber tomármelo en serio”. Todo un genio.

Y como si quisiera demostrar esa capacidad para hacer lo que quiera, Minchin no graba discos en estudio. Eso es para principiantes. No, todo lo que Minchin lanza al mercado son grabaciones de sus actuaciones en vivo, con un directo que siempre es fabuloso. Y como ejemplo de ello, este Ready For This? (Live at the Queen Elizabeth Hall, London) del concierto que dio allí en diciembre de 2008.

(AVISO PARA NAVEGANTES: las versiones de los temas ofrecidas a lo largo de este artículo podrían diferir de las versiones contenidas en el CD del directo, debido a problemas de multiversos y conflictos con YouTube en los que el cronista que suscribe este artículo no tiene potestad alguna. Avisados estáis.)

El trabajo se abre con el tema homónimo al disco, que se compone de cuatro versos repetidos hasta la saciedad, coros extraños, y voces distorsionadas y mucha experimentación, pareciendo más una prueba de sonido que otra cosa. De hecho, nada tiene que ver con lo que veremos a continuación.

“This is a song about prejudice / And the language of prejudice / And the power of... the language of... prejudice / It's called…” “Prejudice”. Esto ya es más Minchin. Unos pianos geniales (que componen casi toda la instrumentación) y él desgranando una letra que, aunque tiñe de divertida, es una sutil y velada crítica contra la hipocresía y los prejuicios. En este caso, concretamente, ironiza sobre temas racistas: “only a ginger can call another ginger, ginger”. A ver si pilláis la indirecta.

Y ya nos encontramos con el tema con que Minchin está más obsesionado: la religión. En el caso de “I Love Jesus”, concretamente, agarra una guitarra acústica para burlarse, de forma poco delicada, de las consignas religiosas de una misa, con una letra muy simple y un mensaje clarísimo. Dos mensajes se repiten: “I love Jesus” y “I hate faggots”. No se corta un pelo (metafórica y literalmente).

También vuelve con la religión en “The Good Book”, un tema que es al tiempo muchísimo más elaborado, muchísimo más cómico… y en cierta medida mucho más ofensivo. Especialmente por el hecho de disfrazarlo de canción country (musicalmente es genial, por otra parte), que imagino que no sentó muy bien en una sociedad tan religiosa como la estadounidense. Por otra parte, hace aquí uso de uno de sus guiños más emblemáticos, cuando se pone una bota (en solo uno de los pies) para pisar una tecla del piano al final de la canción. Absurdo, pero memorable.

“If I Didn’t Have You” empieza con una letra ñoña y enamorada, coros amanerados y una base sintetizada que parece sacada de Craig David… Da miedo, hasta que la letra evoluciona y te das cuenta de que todo el tema es una parodia de este tipo de baladas románticas… Un poco floja, para mi gusto. Quizás porque soy fan de esas moñadas.

Llegamos a uno de los primeros temas de Minchin que descubrí, “Confessions”, un tema muy sencillo (solo lo acompaña un piano) dividido en tres movimientos, más social y reivindicativo que los anteriores, pero muy curioso, pues esa crítica se disfraza de burla hacia lo que defiende… Me explico: uno de los movimientos habla del feminismo (que Minchin defiende a muerte), quejándose de que se trate a las mujeres como objetos, y sin embargo el estribillo de la canción comienza, literalmente, “Fuck I love boobs though, I just really love them /Fuck I love boobs though, I just wanna rub them”. La canción, de hecho, termina con el verso “I will always love boobs”, cantado imitando a Whitney Houston en El Guardaespaldas. Épico.

“Canvas Bags” es un tema cuando menos curioso, que comienza muy sencillo, con ese omnipresente piano, hasta llegar al clímax de la canción, donde entran guitarras (solos incluidos) y batería machacona, y Minchin coge un megáfono para seguir cantando una letra que dice… ni más ni menos, que hay que acabar con las bolsas de plástico y usar bolsas de tela en los supermercados. En serio. Y lo disfraza de himno rockero. Este hombre es el futuro del Carrefour.

El octavo tema del disco se titula “The Interval Song” y es justamente lo que dice: un puente entre las dos mitades del show, con trompetillas desagradables de fondo mientras Minchin se dedica a decir que esa es la canción del intervalo. Ni siquiera aquí puede intentar parecer normal (por cierto, esta no he logrado encontrarla subida en YouTube, pero en Spotify la tenéis).

“Bears Don’t Dig On Dancing” es un tema muy discotequero, bailable incluso, pero extrañísimo, en que Minchin se dedica a mencionar las muchas habilidades (generalmente relacionadas con personas) que tienen algunos animales, para quejarse de que los osos no bailan. Sin duda, es delirante ver cómo insulta a los pobres mamíferos con rabia, llamándoles “homophobic hairy fuckers” o “lazy fuckers”.

Más hiriente es “The Phil Daoust Song”, dirigida a un crítico de The Guardian cuya reseña de un show de Minchin no hizo demasiada gracia a éste… que respondió escribiéndole este tema en que le dice que le gustaría obligarle a devorar la carne de su rostro, o ver cómo alguno de sus familiares muere. Todo ello disfrazado con una música alegre y desenfadado, acorde con el espíritu de la canción, que según Minchin tiene que ver con “perdonar”. Of course.

“YouTube Lament” es realmente triste. El piano del tema es sencillamente sublime, con un virtuosismo que ya querrían muchos, mientras Minchin se queja de que a pesar de ello, a pesar de su poesía, su calidad y su arte, nunca conseguirá tantas visitas como los vídeos de gatitos. Y lo hace de tal forma que se te parte el alma, o algo.

Se acerca el final del disco con sus tres temas más largos, siendo el primero de ellos “Storm”, una “canción” de 10 minutos con una base jazzística en la que la letra habla del encuentro que Minchin tuvo en la cena de un amigo suyo con una joven de nombre Storm, obsesionada con… cosas hippies y remedios zen, básicamente, así como temas paranormales y espíritus. Es divertidísimo ver cómo Minchin se luce en su ingenio como cómico, citando versos de Shakespeare para poco después hacer un guiño a la cultura popular con otros como “Do we actually think that Horton Heard a Who? / Do we still think that Santa brings us gifts? / That Michael Jackson hasn't had facelifts?”. Y le da tiempo a imitar a Louis Amstrong, también (así como a hacer las voces de su interlocutora, realmente desagradable).

“Dark Side” es otro de esos temas que comienzan íntimos y siniestros con el piano, hasta que Minchin grita como si hubiera tomado peyote, rezuma alegría y mete unas guitarras de fondo. Esa dicotomía se mantiene con cambios de ritmo (básicamente, para oscurecer la canción toca el piano más lentamente y distorsiona la guitarra, amén de cantar con un tono más grave), reflejando la letra, en la que su novia le llega a decir “I just get so annoyed how you’re so happy all the time / I need somebody deeper than you / Someone with a little third-dimension”, o un productor musical le echa en cara que su ingenio y su inteligencia no venden entre los jóvenes. Como no, el final del tema es una burla en la que Minchin intenta demostrar que tiene ese lado oscuro. Ah, y a mitad de la canción toca media docena de notas de “Para Elisa” de Beethoven.

Cierra el show ya con “White Wine In The Sun”, una balada (piano again, esta vez con arreglos orquestales de regalo) sobre la Navidad, a la que Minchin despoja de todo ornamento religioso para ensalzarla por ser una fiesta que reúne a la familia. Todo precioso. Incluso yo, que odio la Navidad, he estado a punto de emocionarme. Aunque he de decir que prefiero su otra gran canción dedicada a esta festividad.

Sin duda, el directo de este hombre es espectacular, fresco y con una calidad apabullante. Por otra parte, en la versión CD (que es la que he criticado) se pierden muchas cosas; por ejemplo, las intros de los temas están cortadas, con lo que no podemos escuchar los geniales monólogos iniciales de Minchin, además de que se pierden algunos chistes o explicaciones de las letras. Aún así, solo por las canciones ya merece la pena.

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LO MEJOR: las letras, su virtuosismo al piano y su ácido humor. Temas como “The Phil Daoust Song, “The Good Book”, “Confessions” o “Dark Side” son geniales.

LO PEOR: hay canciones que fallan, por un motivo u otro. “Storm” es quizás demasiado larga, y “I Love Jesus”, si no la ves en pantalla, pierde su gracia. Además, a menudo se pasa con las ofensas (y lo digo yo, que no me ofendo con facilidad), sin tener necesidad de ello.

VALORACIÓN: 7,75/10. No es el mejor directo de Tim Minchin (faltan unos cuantos de sus temas más conocidos y mejores), pero en él demuestra a la perfección su potencial como músico y como showman.

1 comentario:

  1. Qué quieres que te diga, adoro su total falta de respeto por todo. Teniendo en cuenta que vivimos en la era post-Duchamp, post-Bukowski, post-Simpson mismamente, es difícil ya ser transgresor y provocativo. Y Minchin lo hace. Siempre será necesaria gente que se orine o directamente se corra en los clichés y las convenciones morales cuando ya hayamos creído que toda línea ha sido ya cruzada.

    Y además toca el piano como los dioses. Como dioses con ganas de marcha.

    De entre todas las de este directo, que más o menos he visto por internet sino en esa versión, en otras(en defensa de la introducción debo decir que, aunque no tenga que ver con lo que viene después, también me parece genial), la que más me parece destacable es sin duda Dark Side. Es un equilibrio perfecto entre el humor, que no es tan descarado ni está tan presente como en otras aunque sigue ahí, y su talento musical. Junto con Rock n'Roll Nerd me parecen las dos mejores de Minchin. Es que, qué solo de piano, tío. Qué solo.

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