jueves, 19 de marzo de 2015

Rafa Pons – Disimula (2015)



Una de las cosas más bellas de ser melómano –y de rebote, de ser crítico- para mí siempre ha sido el descubrir, o que te descubran, a artistas que puedan enamorarte en un instante. Especialmente cuando, como me pasa a menudo, son artistas que durante un tiempo te han insistido en que escuches, que te han pasado desapercibidos y que, de pronto, sin ton ni son, aparecen ante tus oídos de sopetón y… ¡voilá! Algo más que adorar.

Esa moñería preciosista viene, básicamente, a que eso fue lo que me pasó con Rafa Pons. Me lo recomendaron. Me insistieron (especialmente Javi, esta crítica pa’ ti) en que lo escuchara. Escuché “Buenos Aires”. Me gustó, y bastante, pero ahí quedó la cosa, no indagué mucho más. La escuché varias veces más y de pronto, en uno de nuestros streaming que la puse, pensé “a ver qué tal está el disco que acaba de sacar este señor”. Esperaba encontrar algo en la misma línea que ese tema ya conocido, y resultó que no lo era en absoluto. Y yo que me alegro.

El rollo del disco tiene un sabor único y particular. Me recuerda, de hecho, a algún cantautor que no consigo ubicar, así que lo dejaré en el aire. Por lo pronto, a la mente me venía al oírlo a El Niño de la Hipoteca (no me extrañó que a) el disco lo sacara con el mismo sello que Wis; y b) darme cuenta de que ya conocía a Rafa de antes, de cuando versionó con Wis la fantástica “El último pedazo del pastel” que era suya), pero siempre con su personalidad marcada y reconocible.


Desde “Libertad” se ve. El tema es, básicamente, alegría y despreocupación, y nos habla de una pareja que, básicamente, vive como le da la gana, y a la que le da igual el qué dirán. El estribillo es claro: “Hay quién busca la pasión en la aventura, / otros quieren el confort de la ternura. / ¿Qué más da? No habrá fuerza que derribe / a aquel que vive en libertad”. La historia de amor es preciosa (como esos versos de “el azar los puso cerca y la llama se prendió: / una llama que no quema pero da calor”). El mensaje es bonito, y esa mezcla entre rock suave y recursos de cantautor, bella. O viceversa. Tanto da.

En “Las Demás” se reafirma esa capacidad para hablar de amores sencillos y realistas, que tocan de cerca al escuchante sin ser moñas. La construcción de la parte instrumental resulta bastante interesante en lo coincidente con los versos más mejores de la canción y, quizás, del disco: “Mi problema no es contigo, / mi problema es con las demás, / que me tientan y no decido / a quién voy a engañar: / si engañarte a ti o engañarme a mí, / o mandar todo a la mierda un día y ser feliz.”.

El desamor (porque desamores tiene que haber siempre) es lo que triunfa en “Bobo”. Algo de decepción, mucho alcohol, y al cabo aceptación y ganas de tirar para adelante (la música no abandona el ritmo y la rapidez en ningún momento). Más tranquila es “Amores Binarios” donde esta vez, y a pesar de una ligera reminiscencia al Sabina más inocentón, el giro se basa en un par de metáforas un tanto geek que hacen que esto resulte delicioso.

“En Ti” es una colección de imágenes de esas con las que cualquier artista parece desnudarse a sí mismo, esté mintiendo o no. Y trata de algo con lo que creo todos alguna vez nos habremos sentido identificados, porque eso de dejar vagar los pensamientos sobre cosas incoherentes mientras asentimos con la cabeza es con-natural al ser humano. Y al poeta despistado más. Por cierto, eso de que Tarantino dirija Pocoyó ya lo propuso y simuló uno de los seguidores de este blog tiempo ha.

Llegamos a “Estupenda”, que toca ese noble asunto de la fiesta como olvido ensalzada por Ovidio, Hemingway, DJ Marta o Fidel Castillo. La música es fabulosa, muy en la línea de ese pop-rock-rumba-indie-comodemontreslollamen tan dicharachero muy puesto de moda que da ganas de bailar. Y el mensaje que invita a la parti-jar nunca está de más. Si es cierto que hay un par de versos que no me gustan en su planteamiento de la cosa, pero como mi queja es ajena a su innegable calidad artística, no lo tendré en cuenta.

También hay, de hecho, un verso que me produce el mismo rechazo en “La fiesta en paz”, pero imagino que son mis paranoias desde que soy tan poeta activista petardo, porque en general la canción, en un tono nuevamente más relajado, toca un desamor bastante gonito. Sí es verdad que la canción, en esta ocasión, opino que se queda en correcta, y que pasa un poco desapercibida en el cómputo general.

Para desviarse un poco del amor presente en la mayoría de canciones hasta ahora, sea en primer o último plano, “Amigo” va… pues de lo que va. De esos tipos con los que te comes los bares, las noches, y la vida, a dentelladas sin miedo. Y que luego están ahí cuando los necesitas. Y Rafa aprovecha, además, para dar la patada a unos cuantos (al que “me juzgue cuando me derrumbe”, al que “me calle si quiero gritar”, a los oportunistas “que solo están cuando estoy bien”…) que se la merecen mucho.

Como en el amor no todo es felicidad, pues “Te piso la nuca” va bien para esas lides de peleas de pareja. Aunque es, la verdad, una canción que me pasa un poco desapercibida entre la anterior y la llegada de “Diles”, que es quizás el tema más duro y más de actualidad del disco. Rafa te hace pensar que eres ese hombre en paro que llegó a plantearse el suicidio (ese momento es estremecedor) pero que no deja de luchar en ningún momento. El estilo es quizás un tanto M-Clan (quizás a ellos y su blues rock me recordaba un poco antes), y la construcción es fantabulosa. Uno de los platos más fuertes, sin duda (aunque el momento coral no veo que aporte demasiado).

Risas hacen falta, y para reírnos un poco tenemos “Follón Kilombo”, que historia, lo que se dice historia, no tiene mucha: es, básicamente, una odisea muy influenciada por esa Argentina cuyo peso se nota en este disco (y más se notará), que repasa las diferencias terminológicas entre el español peninsular y el del otro lado del Atlántico. Como manual para turistas no tiene precio.

“El no que ya tenía” es, la verdad, pelín moñas. Lenta, instrumentación de cuerdas y percusión suave y en un rollo de amor baladero que funciona, pero no destaca. Por el contrario, “Estrella del shock” se puede resumir por sí misma: “Pero si tú me juzgas sólo por mis letras,/ yo, cariño, hago lo mismo sólo con tus tetas”. Y ahí queda dicho. Sexo sin amor, músicos sin fans y la vida con algo de pianos y palmas de fondo. Y, aquí sí, guiño (intencional o no), muy claro al Sabina.

Y se cierra, como no podía ser de otra forma, con aquello que me abrió la veda a esta caza: “Buenos Aires”, una balada fantástica (lo primero que me enamoró de Rafa) dedicada a la capital argentina. La estructura no difiere mucho de lo que suelen ser temas de este corte, tirando mucho de metáforas, símiles e imágenes claras, pero su encanto es único. Y bastante indescriptible, así que mejor que cada cual lo descubra por sí solo.

Y hasta aquí la cosa.

Allez-y, mes ami!

Buenas noches, y buena suerte.

P.D: me quedo con la duda de si lo de la portada son mechas o canas. Tendré que preguntarle algún día.

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¿Tengo que escuchar esto?: opino fuertemente que sí, sí.

Si solo tuviera que escuchar una canción: lo obvio sería “Buenos Aires”, que además es muestra gratuita del trabajo y eso, pero yo me quedo con “Diles”.

¿Dónde debería escuchar esto?: entre Barcelona y Buenos Aires, sin duda alguna, hombre ya.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: ya digo que Rafa tiene un sabor propio y único. Pero entre las ciertas reminiscencias que me surgían en la escucha, le veo puntos en común con El Niño de la Hipoteca, Jose Negrete, a ratos el mismo Sabina, y un algo raro como a M-Clan.

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