lunes, 8 de octubre de 2012

Metallica - Kill ´Em All (1983)


Finalmente, aquí me tenéis, publicando mi primera entrada de forma “oficial” en el blog. Y lo hago ni más ni menos que con el Kill ´em All, ópera prima de Metallica. Me dicen desde realización que hace unos días fue el vigésimosexto aniversario de la muerte de Cliff Burton, así que Cliff, esta va por ti.

Rabia y velocidad. Si hubiera que resumir el Kill ´em All a la par que todo el Thrash Metal, estas dos palabras serían idóneas. De hecho, se puede afirmar que es aquí donde nació el género, y la que podríamos definir como la banda de metal más influyente de los últimos 30 años (con permiso de Maiden en todo caso): Metallica.

En 1980 una joven promesa del tenis danés desembarca en Los Ángeles para dar un paso adelante en su carrera deportiva. El padre del chaval, Torben Ulrich, tiene planeado un futuro de tenis y éxito para su hijo, pero al chaval le había dado por escuchar Heavy Metal. Incluso aporreaba la batería con cierta gracia. Así que en 1981 al tenis le dan por saco, y ese chaval, Lars Ulrich, se dedica a perseguir a Diamond Head en toda su gira veraniega por Estados Unidos. A la banda les hace gracia Ulrich, y le meten en su autobús.

De vuelta a Los Ángeles, Ulrich se anuncia en The Recycler, una revista local, con el fin de formar una banda. El danés quería un guitarrista que estuviera influenciado por la New Wave Of British Heavy Metal, vamos, lo que vienen a ser Iron Maiden, Judas Priest, Saxon, y demás criaturitas. Sin embargo, el danés siente predilección por dos en particular de este movimiento: Mötorhead y Diamond Head. El propio batería definiría años después a Metallica como una mezcla al 50% de estas dos bandas.

James Hetfield, un chaval de estricta educación en la música clásica y aún más estricta educación religiosa (y hasta los mismísimos de ambas), responde al anuncio de Ulrich. Al principio las cosas no funcionan del todo bien (“¡No vas a poder tocar la batería bien aunque tu vida dependa de ello!”, le llegó a decir Hetfield), pero cuando Lars le comenta la idea de publicar una canción en Metal Massacre, una recopilación de canciones de bandas de L.A. del momento, Hetfield finalmente accede a tocar con él. La emergente banda decide llamarse Metallica, robándoles el nombre a unos amigos de Ulrich. Los pobrecillos querían publicar una revista de Heavy Metal, y estaban barajando dos nombres: Metal Mania y Metallica. Ulrich les dice que Metal Mania es mejor, quedándose él con Metallica.

La maqueta publicada era una versión super garagera de lo que después sería “Hit the Lights”, el primer tema de este Kill ´em All. En esta pequeña grabación colaboran dos guitarristas: Lloyd Grant, que poco después dejaría Metallica por su propio pie, y el rapidísimo Dave Mustaine.

Este Metal Massacre tuvo bastante repercusión en la escena del momento, y Metallica se vio teloneando de pronto a Saxon en dos conciertos en el Whiskey a Go Gó de Los Ángeles. El bajista en este momento era Ron Mc Govney, el compañero de habitación de James Hetfield. No era el mejor bajista del mundo, pero es lo que había.

La formación quedaba así: James Hetfield a la guitarra y a la voz, Dave Mustaine a la guitarra solista (cuentan las malas lenguas que los duelos de egos de estos dos, fuera y dentro del escenario, eran épicos), Lars Ulrich a la batería y Ron Mc Govney al bajo. Poco después editaron una maqueta autoproducida, “No Life ´Til Leather”, con la cual ganaron cierto prestigio en la escena local. Esta maqueta contaba con un total de siete temas, “Hit the Lights”, “The Mechanix”, que posteriormente sería “The Four Horsemen”; “Motorbreath” una oda a toda tralla a Motorhead; “Seek and Destroy”, conocida en aquel momento como “She Can Destroy”; “Metal Militia”, un trallazo como pocos; “Jump in the Fire”, más melódica; y “Phantom Lord”, que tomaba el nombre del proyecto paralelo de James Hetfield.

Sin embargo, en 1982 empiezan los conflictos. Dave Mustaine empezó a tener serios problemas con el alcohol y las drogas, hasta puntos peligrosos para él mismo y la propia banda, y Ron Mc Govney cada vez estaba más descontento con la banda. Por otro lado, Metallica gozaba de buena acogida en Los Ángeles, pero eran frecuentemente confundidos por un grupo punk, cosa que les sentaba igual de bien que una patada en los huevos. Y a eso se le suma que por aquel entonces empezaba a ponerse de moda el Glam Metal, con gente como Ratt o Mötley Crüe, otra cosa que les encantaba también.

La banda se mudó a San Francisco, ciudad más receptiva para los sonidos acelerados y metaleros. Allí encontraron a Cliff Burton, un bajista asombrosamente bueno, que sustituyó de forma casi inmediata a Ron Mc Govney. También contactaron con John Zazula, productor musical, que se ofreció a ser su mánager, y a organizarles una serie de conciertos en la Costa Este, en la zona de Nueva York, y si todo iba bien, grabarles un álbum.

Mustaine dio cada vez más problemas a la banda por sus excesos, y a los diez días de estar en Nueva York, cuando la situación se hizo insostenible, le embutieron en autobús de vuelta a Los Ángeles. Se podría decir que al angelito le echaron de Metallica por borracho. Mustaine posteriormente formaría otro grupo de Thrash Metal, a modo de venganza, Megadeth, que es considerado uno de los cuatro mejores grupos de Thrash Metal, (el llamado Big 4, que comprende a Metallica, Slayer, Anthrax y a Megadeth).

El recambio de Mustaine resultó ser el guitarrista de Exodus y anteriormente alumno de Joe Satriani, Kirk Hammett, que ya había impresionado a Hetfield y a Ulrich anteriormente por su capacidad de conjugar velocidad y capacidad melódica.

La cosa fue bien, y entraron a grabar en mayo del 83 el prometido disco. Este disco contendría los mismos temas que el “No Life ´Til Leather”, más “Whiplash”, que ya había sido presentada en directo, un canto de amor a la velocidad y a la vida en la carretera, y por si cabía alguna duda, es más rápida que un galgo con el culo lleno de dinamita; “Anesthesia (Pulling Teeth)”, un solo de bajo que Burton hacía en directo; y la variada y melódica “No Remorse”. Por otro lado, “The Mechanix” fue transformada en “The Four Horsemen”, añadiendo más riffs, solos y melodías dado que la canción era prácticamente de Mustaine.

El único problema era encontrar alguna discográfica que pudiera publicar el disco. Las compañías que no se echaban para atrás por el sonido rabioso e innovador del disco, lo hacían con el título que le querían dar: “Metal Up Your Ass” (Métete el metal por el culo). Por si no fuera poco, el elemento principal de la carátula era una mano con un machete saliendo de un váter. Criaturitas.

Así que cambiaron el artwork y el título con el fin de hacerlo algo más accesible. El título final era “Kill ´Em All” (frase de Burton tras algún altercado con ciertas discográficas) y la portada, un martillo ensangrentado y un charco de sangre junto al martillo. Tras todo esto, finalmente editaron el disco fundando una discográfica ellos mismos, vendieron más de 17 000 copias en dos semanas, ganaron prestigio, empezaron a girar a lo bestia, y el resto, es historia metalera.

Pasemos a analizar la obra en sí. El sonido es abiertamente primitivo, pero la mezcla está muy bien conseguida. Todos dan lo mejor de sí mismos y rayan a un gran nivel, salvo Ulrich, que es lo peor que ha parido madre en lo que a batería se refiere. Hace ritmos simples, faltos de cuerpo, y tiende a irse de tempo. Todo lo que NO debe de hacer un batería de metal.

Tras el vilipendio bateril, veamos el disco canción a canción. “Hit the Lights”, tema que abre el disco, es una declaración de intenciones. Es un “capullo, estamos aquí”. Está basada en un riff muy rápido que se repite a lo largo de las estrofas, y un estribillo dinámico y pegadizo. Un par de estrofas, un par de estribillos, y pasamos al solo, muy rápido, dinámico, pero con algún cambio de tono al final, muy efectivo. Y ya. Cuatro minutos de velocidad, sudor, y Heavy Metal. Simple y al grano.

Más compleja es la siguiente, “The Four Horsemen”, uno de los puntos fuertes del disco. No es la más rápida, pero sí la más melódica y variada. Estrofa de riff muy pegadizo, y un estribillo épico como pocos. En el tema se da una alternancia entre estrofas y riffs rápidos con puentes más lentos y melódicos, además de un par de solos. El primero está compuesto por Hammett, y es una delicia. Rápido cuando debe, dulce cuando lo pide el momento, con muchos matices. El del señor Mustaine, muy rápido y agresivo (un poco como la personalidad del guitarrista).

 La siguiente canción, “Motorbreath” son tres minutos de homenaje a Mötrorhead. No hay mucho que contar, velocidad, guitarras a toda pastilla, y testosterona hasta en la sopa. No es la mejor ni la más madura del disco, pero para darse de cabezazos contra el escritorio a base de headbanging, sirve.

Pasamos a los mid tempos (para los de la Logse: más lento) en "Jump in the Fire". Este tema en particular muestra a una banda muy compacta, en la que están dando lo mejor de sí mismos. Hetfield chilla, ruge, mientras se desgañita con cada riff en su guitarra, Burton siempre añade solidez al grupo, Hammett se sale haciendo suyos los anteriores solos de Mustaine, y Ulrich hasta toca bien la batería… a ratos. El riff principal, compuesto por Mustaine, es de los mejores del disco.

"Anesthesia (Pulling Teeth" es un solo de bajo que Burton interpretaba en directo. Basado en arpegios, con reminiscencias clásicas, imprimiendo velocidad gradualmente, hasta el explosivo final. Está dividido en dos partes, los primeros minutos de bajo solitario, y posteriormente, la parte final con la batería de apoyo. Burton maneja el tono de su bajo con un pedal de Wah-Wah (un pedalillo que añade graves o agudos a la señal saliente del instrumento, según la posición en que se encuentre el pedal), haciendo pasar su bajo por una guitarra. Sí, cuesta creer que es un bajo.

Por si fuera poco, este solo también sirve de introducción a otro de los puntos fuertes del disco, ese trallazo metalero del cual solo los más osados se atreven a pronunciar su nombre: "Whiplash". Esta animalada empieza con 13 golpes de batería sacados del infierno, para dar paso a un ritmo hasta decente salido de las manos de Ulrich, y a continuación uno de los riffs más efectivos (y rápidos) del Metal. Consiste en darle muy rápido a la 6ª cuerda de la guitarra (la más grave) al aire, y colar de vez en cuando algún acorde. Ni satrianismos ni leches, metal a piñón.

La estructura es sencilla, estrofa, estribillo, estrofa, estribillo, solo a la velocidad del rayo cortesía de Hammett, estrofa y estribillo, y final. La última estrofa deja una frase que marcaría la historia de Metallica: But we will never stop / We will never quit / cause we're Metallica. Digno de detalle es que en directo cambian la última frase, quedando como “´Cause you are Metallica” (porque vosotros sois Metallica). 

Pasamos al séptimo corte del disco, "Phantom Lord". El nombre, como hemos dicho antes, está sacado del proyecto paralelo de Hetfield. Por lo general es similar a “The Four Horsemen”, de hecho uno de los puntos fuertes del tema es su variedad, incluyendo por primera vez (y última) en el álbum una guitarra limpia. Estribillo pegadizo, cambios de tempo, buenos solos, en general bastante nivel. Aunque precisamente esos son los fuertes del siguiente tema.

“No Remorse” de base, es una de las canciones más polémicas que ha tenido Metallica. ¿Por qué? Porque encontraron a un psicópata en Los Ángeles cantando el estribillo de esta canción mientras, um, bueno… Hacía cosas de psicópatas. La verdad, es que el estribillo da pie a ello: No remorse / no repent / we don´t care / what it meant / Another day / another death / another sorrow / another breath. Lo que viene a ser algo como “sin piedad, sin arrepentimiento, no nos importa lo que signifique, otro día, otra muerte, otra pena, respirar de nuevo”. La estructura del tema en sí es muy variable, habiendo abundancia de mid tempos, alternados con partes de mucha (y digo mucha) velocidad. Lo único raro del tema es que solamente hay un solo. Los riffs a toda pastilla lo compensan.

Y llegamos al clásico-entre-los-clásicos-revienta-estadios de este disco: “Seek and Destroy”. Es el tema más melódico del disco, muy cantable y/o coreable por borrachos en un concierto. Riff principal muy llamativo (hay quien dice que fue lo primero que compuso Hetfield en cuanto pilló una guitarra) y estructura más bien simple (estrofa estribillo x2, parte C, estribillo final y fuera), melodías no muy complejas, riffs bastante buenos a lo largo del tema y solos rayando a un buen nivel pero no magistral. Entonces ¿qué es lo que convirtió a este tema en un clásico inmediato? El gancho y la sencillez de los verdaderos clásicos. 

Finalmente, llegamos al último tema, “Metal Militia”. Este broche final es rápido. Ridículamente rápido. Un chute de adrenalina muy hardocore. Y ya, no le pidas más. Lo único que pretende este tema es que partas el escritorio en dos a base de cabezazos. Y si haces algún pogo por casa, mejor que mejor.


Tras casi tres cuartos de hora de metal a saco, “Kill ´Em All” muestra a una banda muy compacta, unida por horas y horas de carretera, y sobre todo, ambiciosa. El contenido de este álbum es rompedor, novedoso, y una lección de Heavy Metal. Lo único que se le puede afear es la inmadurez en general de las letras y de algunos temas, pero es que estamos hablando del primer álbum de Metallica. Pero, sin lugar a dudas, aquí nació el Thrash Metal. Y todos sabemos lo destacado que fue (y es) el género dentro del mundo del Metal.

Au revoir!
Blaze
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LO MEJOR: Riffs de una elevadísima calidad, multitud de ganchos y estribillos pegadizos, guitarras al rojo vivo. Prácticamente todo es genial en este disco. Destacan los temas “The Four Horsemen”, “Seek and Destroy” y “No Remorse”

 LO PEOR: Lars Ulrich no es el mejor batería del mundo, que digamos. Cierta inmadurez compositiva en algunos temas (“Motorbreath”).

 VALORACIÓN FINAL: 9/10 (*****). Aquí nació el Thrash Metal. Es decir, que bandas como Slayer, Anthrax, Megadeth, Annihilator, Pantera, Sepultura, Machine Head, Slipknot, Killswitch Engage, Trivium, Bullet For My Valentine, Lamb of God y prácticamente todas las bandas de metal actuales que se me puedan ocurrir tienen algo que agradecerle a Metallica, y concretamente, al Kill ´Em All.
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Metallica The Four Horsemen
Metallica Whiplash
Metallica No Remorse
Metallica Seek and Destroy

3 comentarios:

  1. "Ni satrianismos ni leches, metal a piñón." Perfecta definición del disco.
    Uno de mis discos favoritos de siempre. Simple pero efectivo si quieres darte de hostias.

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  2. Qué de caña le metes al pobre Lars. Comprendedle: Hans Topo se acostó con su abuela. Es traumático.

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