domingo, 16 de noviembre de 2014

Anochecer en Waterloo: El discurso



La música es, sin lugar a dudas, quizá la más importante y original de las creaciones humanas. Es el nivel más alto de abstracción que hemos logrado, no hay nada en nuestro mundo natural que se parezca en absoluto a la música. En este sentido, nuestro único descubrimiento comparable es la escritura: es algo que hemos ideado completamente de cero, ningún otra criatura del planeta es capaz de crear música, ni es la música la representación de algo tangible en la naturaleza. Han pasado miles de años hasta que el resto de las artes han podido ponerse al mismo nivel que la música en cuanto a pura creación, en lugar de simple copia del mundo (por muy técnicamente encomiable que sea dicha copia).

Es por esta absoluta abstracción que no se puede, de ninguna manera, hablar de música de una manera simple. Los libros son historias; los cuadros, imágenes. Al fin y al cabo, nuestra vida es básicamente una sucesión de ambos, así que sabemos muy bien lo que nos gusta cuando lo vemos: nos sentimos identificados con un personaje, admiramos la belleza de un paisaje, etcétera. ¿Pero y la música? Es tremendamente complicado saber localizar con exactitud cuales son las particularidades de una pieza que despiertan nuestro interés. Nos gusta porque nos gusta, y punto.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Tinariwen, @ Sala But, 13/11/2014


UN CANTO SAHARAUI

Esto debería ser la crónica de un concierto. Debería. Pero relatarlo como tal no está a mi alcance. Me faltan conocimientos del idioma, de la perspectiva del grupo en el tiempo y del contexto adecuado. Y es que aquí está la clave, en el contexto. Lo vivido el pasado jueves en la sala But es injusto que sólo sea denominado concierto. Se reúnen los elementos para ello, estoy de acuerdo. Colas antes de entrar en la sala, fans combatiendo con fotógrafos por hacerse hueco en primera fila, y unos tipos en el escenario que acarician guitarras de las que brotan sonidos que nos hacen viajar. Quizá la mejor denominación sería la de experiencia. La de comunión con un público que participa con ellos del show hasta encima del escenario. La de la visualización de ropajes extraños, telas de seda que envuelven cuerpos morenos descalzos. Me permito la absurda comparativa de sentirme Kapuscinski en Viajes con Heródoto. Algo distinto que me aleja de ellos al no entender las palabras que hay detrás de sus voces. Voces del desierto, de bereberes, de tuaregs. Para mi fortuna encuentro interlocutores entre el público. Vienen de Marruecos, de la frontera con Argelia, han viajado hasta el Muro del Sáhara Occidental. Es la víspera del 14 de noviembre. Hace 39 años que España olvidaba que tuvo una colonia y dejaba otra huella oscura de su historia. Marruecos y Mauritania se repartían el pastel. El pueblo saharaui era condenado al olvido, a la guerra, al exilio y a la ocupación.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Antílopez, @ Sala Galileo Galilei, 12/11/2014


NOCHE DE VARIEDADES

Esta vez comenzaré por el final, la valoración. Pero no la mía, quizá no hace falta que lo haga, se irá desgranando a lo largo de la crónica. Esta vez será el público de la sala Galielo Galilei quien hará de juez ante estos dos fenómenos. “Estos tíos son muy buenos”, una y otra vez durante toda la noche, cada cambio de canción, de vestuario y al salir a la calle tras más de dos horas de show. A estas palabras le unimos el final, con el público puesto en pie, aplaudiendo, rendido ante dos personajes que sacaron la expresión más espontánea del alma, la carcajada. O más bien las arrancaron puesto que su estilo desgarrador, potente, irónico, chulo y esperpéntico atraviesa nuestro cuerpo al menos por cinco sentidos y es que es un espectáculo recomendado como un conjunto sensorial.

Si me preguntan si vi un concierto diré que sí, si me preguntan que si vi un show humorístico también diré que sí, y si a estos dos artistas onubenses los llevan al Circo del Sol, estoy seguro que entrarían a formar parte del espectáculo principal mientras sobre sus cabezas vuelan trapecistas, funambulistas y les acompaña en la percusión la mujer barbuda. En el circo del Sol o en los Teatros de Variedades del Siglo XIX. Por suerte los disfrutamos en Madrid y en la sala Galileo, no hace falta viajar en el tiempo y pagar una entrada con la que no podamos llegar a fin de mes para vivir a los Antílopez.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Xoel López y Pepe Solla, @ Teatro el Arte, 06/11/2014

NOCHE GALLEGA EN LA CAPITAL 

Hay cosas que no deberían perderse nunca. Pequeños fragmentos de tiempo que rozan lo cotidiano y rompen la letanía que la rutina construyó. Tirarse en la cama a escuchar una canción, invitar a un amigo a cenar o tomar juntos una cerveza. Momentos que probablemente unidos no firmarían ningún guion hollywoodiense. Sin embargo son los que uno, pasado un tiempo, recuerda con más fuerza. Anoche, nos transportamos al sabor de 1906. Al recuerdo de “la colorada”. Una cerveza atemporal, adelantada a su tiempo que muestra su esplendor en estos días. La gama de la Estrella red vintage reúne a unos 150 amigos en el Teatro del Arte de la capital, situado en uno de sus barrios más castizos. Todos los detalles cuentan para firmar 2 horas anacrónicas a través de los sentidos. Del oído, sonidos antiguos versionados por el innovador Xoel López; y del gusto, por un maestro en la cocina que supo hacernos viajar a diferentes instantes de nuestra vida a través del paladar. Lo vivido anoche dentro del ciclo “Pequeños Grandes Momentos 1906” se recordará como el día que Galicia creó un recuerdo a Madrid.


Y como si de un marinero en tierra seca se tratase, Xoel López nos trasportó al espíritu emigrante del gallego. Él mismo así se sintió en Madrid cuando con apenas 20 años se trajo su guitarra y se puso a cantar en las calles de la capital y lo hizo con The Boxer (de Simon & Garfunkel), un canto a la lucha contra un entorno extraño y contra el peor enemigo al que uno se puede enfrentar: uno mismo.  


domingo, 2 de noviembre de 2014

Gritando en Silencio – Maldito (2011)



Que tengamos en el blog a un nuevo redactor (¡hola, Galis, estoy saliendo en la tele!) que sabe de rock español una barbaridad y más no os exime de que tengáis que seguir aguantando mis críticas de este género. Porque es lo que me gusta, y punto.

Gritando en Silencio es una banda muy en la línea del rock urbano de los clásicos: Barricada, Extremoduro, Marea, La Fuga, Reincidentes… En fin, toda esa gente. Sin embargo, tienen dos cosas que los hacen destacar por encima de muchos otros discos similares del género: uno, su calidad musical suele superar a las de sus colegas de urbanidad (las influencias blues del Contratiempo, por ejemplo, se hacían bastante de notar); y dos, son tan majos que a pesar de su fama sus discos están en su web para descargar gratuitamente.

Yo no oculto que este disco me gusta bastante más que el anterior. Quizás influya que es un trabajo compuesto per se como unidad, y no está hecho tanto a base de retazos (solo “¿Dónde te has quedado?” vio la luz en una maqueta anterior, mientras que en Contratiempo había siete temas ya lanzados en los primeros EPs), lo que crea una unidad bastante interesante que deja lugar a un buen puñado de apuestas y estilos.