miércoles, 14 de junio de 2017

Genesis - Trespass (1970)


JORGE: Bueno, bueno, bueno. Pues parece que aquí estamos otra vez, una semana más y un día más tarde de lo previsto porque… no me apetece buscar excusas. Por cosas. Y vamos a reseñar un disco bonito, ¿a que sí?

ÁLVARO: Así es, amigo mio. Aunque lo primero que pensé al ver que íbamos a reseñar este disco fue... ¿por qué “Trespass”? Así a priori se me ocurren como cinco discos de Genesis que abordaría antes que este. Los cinco posteriores, de hecho. Pero es cierto que “Trespass” es en cierto modo el primer disco de la banda, ya que el verdadero debut fue más bien un extraño batiburrillo de pop sinfónico que poco se parece al resto de trabajos de la banda. Bueno, ya me estoy enrollando...

J: A decir verdad, mi principal problema con “Trespass” es, básicamente que no es “Selling England By the Pound”. Pero aparte de que no me parezca el mejor trabajo de la banda, que tampoco tengo tan pateada como tú, no le puedo poner muchas pegas. Es potente, es una muestra magnífica de lo que sería el estilo de la banda, y tiene temas que demuestran sin mucho problema por qué están entre los más grandes del rock progresivo. Cuéntanos un poco, si gustas, algo más del contexto de este trabajo.

A: Mucho tengo que decir, tras haber leído media biografía de Mike Rutherford. El caso es que los miembros de Genesis, en esta etapa al menos, son básicamente una cuadrilla de niños bien de colegio privado, de estos internos con club de golf y desfiles. Con un pasado en el rhythm and blues británico, los cuatro caballeros que nos ocupan (Gabriel, Rutherford, Banks y Anthony Phillips), se arrejuntaron con la idea de ser compositores más que una banda. Pero tras una maqueta que convenció a un antiguo alumno para financiarse un disco completo, acabaron convirtiéndose en un grupo. Este disco, “From Genesis to Revelation”, fue un fracaso comercial (se dice que lo colocaron en la sección de música religiosa) y artístico (el productor, Jonathan King, añadió arreglos de cuerda a las canciones de folk del grupo a traición). Así que a la hora del segundo álbum, las expectativas estaban bajas. Habiendo madurado en el circuito de los pubs, su sonido acústico tuvo que electrificarse por la fuerza: su sistema de sonido no era de última generación y apenas se les oía. Eso, sumado al hecho de que era música sesuda, tuvo como resultado “Trespass”, en el que Genesis inauguró su sonido más clásico.

J: Y tan clásico. De hecho, no había escuchado el disco antes de planearse esta crítica, y mi primer pensamiento fue “han usado exáctamente la misma fórmula para abrir que en ‘Selling England by the pound’”. Y, efectivamente, ese icónico “Looking for Someone” tiene muchas semejanzas con “Dancing With the Moonlit Knight”, del disco que comentaba más arriba, desde la apertura de Gabriel a capella hasta los pasajes instrumentales. Una baza la de la voz, por otra parte, que juegan con mucha fuerza, y con razón, todo el disco. Para no haber creído siendo chaval que se convertiría en cantante, el señor Gabriel tenía una voz magistral.

A: Desde luego. Este Gabriel todavía no era el que se disfrazaba para representar sus enrevesados álbumes conceptuales, pero su dramatismo era uno de los elementos fundamentales del sonido Genesis. En cuanto a la fórmula compositiva, solían juntar cachitos independientes a través de transiciones, lo que desembocaba en largos temas de diez, quince, veinte minutos. En “Trespass” no se dilatan tanto, pero sí que se toman su tiempo en desarrollar ideas. Las letras, a menudo atribuidas a Gabriel únicamente pero en las que intervino toda la banda, suelen ser descritas con adjetivos como “bucólico” o “pastoral”. La naturaleza es un tema que aparece constantemente, por ejemplo en “White Mountain”, una historia sobre unos lobos que se pelean, o algo así. No sé si será una opinión popular, pero es mi tema favorito del disco.

J: No sé qué habrá de popular en ella, pero coincido por completo: es mi tema más querido, junto con la segunda mitad de “Visions of Angels”, que me parece uno de los puntos álgidos del trabajo (por encima incluso del socorrido “The Knife”). Y, efectivamente, el adjetivo “pastoral” le va muy bien a las letras, pero aún así hay un manejo magnífico de metáforas enfrentadas, entre la verde naturaleza y un ambiente mucho más sucio. “Looking for Someone”, por ejemplo, salta de un bello “you see the sunlight through the trees, to keep you warm, / in peaceful shades of green” a un menos agradable "lost in a subway / [...] you feel the ashes from the fire that kept you warm”. Ese contrapunto puede estar un poco relacionado con la manera compositiva que comentas, que hace que vea el disco como una montaña rusa que salta constantemente de la relajación a lo más cañero: Gabriel gritando desesperado “I wanna drink” en “Stagnation” entre pasajes de calma puede ser un buen ejemplo...

A: Creo que el mayor problema del disco, aparte del que ya has mencionado tú de que preferiría estar escuchando “Selling England By the Pound”, es que el ecuador es bastante... aburrido. No aporta demasiadas ideas nuevas: “Stagnation” es rock progresivo más al uso, con solos de órgano por todas partes, mientras que “Dusk” es folk campestre. Incluso “Visions of Angels” tiene un estribillo que no me termina de convencer, muy Emersonlakeandpalmeriano. Adjetivo bastante largo, por cierto. Igual he batido algún récord.

J: Nada hay más adecuado para hablar de rock progresivo que adjetivos largos. Creo. Quizás. Por otra parte, estoy de acuerdo con esa falta de ideas originales; personalmente, Genesis (y no es culpa del grupo, sino de mi manera de escuchar música) es un grupo que siempre he tenido un poco pendiente porque para disfrutarles tengo que dejar todo lo que tenga entre manos y dedicar el 100% de mi atención solo al disco: aquí lo hago y, sin decepcionar, y siendo una escucha en general entretenida, sí que me deja un sabor de boca más… olvidable, quizás sea la palabra. Por no mencionar que me cuesta un tanto destacar temas o canciones concretas, como me pasa con Oldfield o con los The Dear Hunter que me descubrió vuestra merced: me queda la imagen del disco, como conjunto, y es una imagen buena, pero no excelente.

A: Coincido por completo. Es un disco muy consistente, como suele pasar en este género en general. Tanto que las canciones se mezclan un poco entre sí y es difícil destacar algo. Habrá que ver si permanece en mi cabeza durante mucho tiempo, pero de momento creo que no está a la altura de otros de la misma banda o, claro está, del género. Así que si quieres, podemos pasar a las notas.

J: Las notas, las notas, las notas… ¿Empiezo yo, o dejamos que se te echen al cuello a ti primero?

A: Pues empiezo yo, ya ves tú. Mi nota es un nada desdeñable 22/30. 7+. No está mal, es recomendable, pero tampoco va a revolucionar tu manera de pensar. Ahora usted.

J: Mi primer pensamiento llevaba a una nota tirando a baja. Le cogí cariño con más escuchas y pensé en ponerle un 8… pero creo que sería algo injusto para el resto de trabajos de la banda que lo superan sin problemas, así que bajaré un poco: un 7’5, que está guay también.

A: Parece que estamos de acuerdo. Qué bonito y qué hermoso. ¿Algún pensamiento profundo para cerrar? O no profundo, da igual. Podemos hablar de algo para rellenar.

J: No sé si es profundo o no, pero los comentarios de YouTube de sesentones nostálgicos que se apenan de que los críos de hoy no descubrirán música así de buena dan grimica. Tanta como los de la gente que se sorprende por el año en que se lanzó el disco, como si hace cincuenta años fueran imbéciles y no supieran componer, o algo. Y eso. Era hablar de esto o de cencia.

A: Cómo te gusta la cencia. Me parece interesante ese tema que comentas, podría hablar de ello durante días. Cuando yo era joven descubríamos música en cintas magnetofónicas que robábamos en guateques. Luego íbamos a casa del único que tenía gramófono y bailábamos al son del último éxito de Jelly Roll Morton. Desde entonces pienso que toda la música que necesita de la electricidad para existir es música pagana que debería ser erradicada.

J: Qué casualidad, en mis tiempos mozos yo también robaba cosas. Tapones metálicos de los neumáticos de los coches para ponerlos en mi bici, mayormente.

A: Estás hecho un truhán.

J: Y un señor.

A: ¿Pero amas la vida y amas el amor?

J: Lo que tu mandes se hará, te sirvo a ti, susúrrame, te escucho, suél… Espera, eso es de otro lado.

A: Ya estamos desvariando. La semana que viene, más. Más qué, no lo sé. Igual lo nuevo de Lorde, que es mejor que el “Trespass” este.

J: O una reseña en diez partes de “Al menos ahora” de Nek. Qué temazo, madre mía.

A: Viva Nek, hombre ya.

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