Cuenta
la leyenda que hace muchos, muchos años, un grupo de jóvenes surgió de una
aldea de irreductibles músicos en Medellín, Colombia, con la decisión cambiar
el panorama de la música heavy de su patria. Armados con una batería,
guitarras, melenas, muchas ganas, y extrañas mezcolanzas compositivas, los
jóvenes firmaron un pacto de sangre con el nombre de Ekhymosis. Quizás
amparados por el maligno y autoproduciéndose en un principio, lograron sacar
varios discos que fueron un éxito arrasador entre su público, y su historia
comenzó a correr de boca en boca hasta quedar grabada en los anales del thrash
metal colombiano.
Esta
no es esa historia.
Porque
resulta que esa historia tuvo un final, como la tienen todas, claro. Y ese
final dio paso a un nuevo comienzo. Uno de los fundadores y cantante de
Ekhymosis, Juan Esteban Aristizábal Vásquez, conocido por sus colegas (no
creemos que muchos, con ese nombre) como Juanes, decidió dar la espalda a sus
hermanos tras la ruptura del grupo, embarcándose, como no mucho después haría
otro español de nombre Iván en una deriva similar, en una búsqueda del éxito en
el pop-rock latino más suave y de moda en la época.

