martes, 31 de enero de 2012

Ensiferum – From Afar (2009)



Como ya se ha convertido en una costumbre en cada artículo que publico, he de pediros perdón por algún retraso, promesa incumplida o parafernalia similar. En este caso, puedo afirmar que la culpa no ha sido mía: he estado sin Internet, y casi sin ordenador, desde hace unos días, gracias a un virus, como suelo denominarlo, “más tocho que una catedral del gótico alemán”. De hecho, sin Internet sigo, reinstalando el ordenador, así que de momento mientras lo arreglo, intentaré mantenerme al día del blog desde la universidad. Por otra parte, esto redunda en vuestro beneficio: he decidido ser compasivo y no subir (todavía) ninguna crítica de Tokio Hotel. De momento podéis respirar tranquilos.

El disco que os traigo hoy pertenece a un grupo al que conocí cuando una amiga me invitó a un concierto de Children of Bodom en el que actuaban como teloneros suyos Machinae Supremacy (otro grupo maravilloso del que espero subir una crítica realmente pronto) y los propios Ensiferum. Por razones del destino, finalmente no pude ir al concierto, pero eso no quita para que no me enganchasen estos melenudos nórdicos que tocan uno de esos estilos de epic / viking metal que tanto admiro. Para seguir atrayéndome, su nombre procede (corrijo: está escrito tal cual) del latín “ensiferum”, adjetivo nominativo singular neutro (lo siento, es lo que tiene haber estudiado latín durante tres años) “el que porta la espada”. Los cinco bárbaros en cuestión, de la calurosa tierra de Finlandia, se juntaron en 1995 (no todos, ni los mismos de ahora, como siempre, hubo cambios de formación… De hecho, para no hacerme un lío ni hacéroslo a vosotros, y puesto que no son especialmente conocidos, no distinguiré en la crítica ni a los cantantes, que son tres: Petri Lindroos, el principal; Markus Toivonen y Sami Hinkka) para tocar la música que le gustaba, un estilo que definen como “folk metal heroico”. Pronto se fueron haciendo conocidillos, lograron un nombre dentro y fuera de su país, sacaron cuatro discos de estudio, un directo, algún que otro EP, y tocaron a menudo con grupos renombrados dentro del metal duro de la escena nórdica (partiendo de los ya mencionados Children of Bodom y Machinae Supremacy, o también Amon Amarth). Si no te gusta el estilo, probablemente ni te suenen; si te gusta, esta introducción está de más.

En 2009 publican su cuarto disco de estudio, “From Afar”. Con un tono sosegado, muy juglaresco, comienza “By the Dividing Stream”, una instrumental a base de flautas y cuerdas (guitarras acústicas por aquí y allá, y hay algo que me suena a laúd) que sería perfecta para recitar un poema épico a la sombra de una hoguera. Nada que ver tiene el siguiente tema, homónimo del título del álbum, que abre a toda caña con unas guitarras y una batería endemoniadas y un berrido propio de un orco de Moria. De fondo se escucha una orquesta maravillosa, que cobra fuerza a ratos y a ratos se ve sepultaba por el resto de instrumentos atronadores, y que abre paso a unos versos (“A raven came to me, / spoke to me in my dream. / A long lost prophecy, a forgotten legacy”) que ya van dando una idea de la temática de buena parte (por no decir todo) el disco: profecías antiguas, leyendas, guerreros vikingos, batallas, cerveza y pitanza y sobre todo, sangre a raudales. La voz del cantante está en esa fina línea que separa los bramidos roncos de un vikingo de los desgarrados gritos guturales de un cantante de death metal. Gracias a Dios, se suele acercar más a lo primero que a lo segundo, acompañado en esta ocasión por un narrador con la voz más grave que Cristopher Lee (o casi), y unos coros femeninos también bastante épicos.

La tercera canción del trabajo, “Twilight Tavern” es, sin duda, una de las mejores del grupo, y la primera que me llamó la atención. Siguiendo en la línea de la anterior, está mejor construida, las guitarras son más virtuosas y la letra más fiestera e interesante, contando (en primera persona) como el guerrero muere destrozado en la batalla y llega a la “taberna del crepúsculo” (el Valhalla, se entiende), donde le espera una eternidad de banquetes con sus conocidos mientras se preparan para el Ragnarok (“The call for final battle will be here soon”). Esta vez los coros parecen formados por auténticas Valkirias, y los gritos del cantante son una auténtica inyección de adrenalina, mientras que los versos hacen la boca agua a cualquiera que sea (como yo) medianamente bárbaro: “Beer is flowing, the smell of burning meat”, o “The master of the house shouts: <>”. Las guitarras aceleran cada vez más mientras se repite el estribillo, y cesan bruscamente antes de que empiece el siguiente tema, y punto central del álbum, “Heathen Throne”, una canción más lenta (esto es relativo) y épica de 11 minutos de duración, que ya recuerda de forma mucho más clara a grupos como Amon Amarth. Los dos primeros minutos y medio siguen la misma línea que el resto del disco: guitarras (aunque más lentas) muy potentes, y versos rozando lo gutural, rabiosos. A partir de ese momento, sin embargo, entran instrumentos más clásicos (los laúdes de los que hablaba antes, si no los identifico mal, pero también flautas e incluso algo que suena a órgano) y la canción se vuelve mucho más épica con un coro de guerreros y unos versos más rotos y tristes por parte del cantante, todo con un toque muy melancólico a la vez que desafiante, sobre todo en la temática (“With the call of a battle horn / we raise our swords; / behind the fields of blood, / there’s a haven for us”). En el sexto minuto los instrumentos llegan al clímax y abren a un solo de guitarra increíble, el primero que se oye en el disco, que termina bruscamente y da paso al resto de guitarras, que aceleran junto con todo el ritmo de la canción durante un par de estrofas, para volver luego a versos más épicos, aunque no tan lentos como los de hace un rato. Poco a poco, los instrumentos, cada vez más lentos, se van apagando, cerrando la canción de una forma magnífica.

“Elusive Reaches” no ofrece nada nuevo: guitarras potentes y rápidas, coros guerreros, y versos desgranados con una voz rabiosa. Lo único a destacar es la temática de la letra, que se acerca más a la de leyenda fantástica que a la de batallas apoteósicas que cuenta el resto del disco. No ocurre lo mismo con “Stone Cold Metal”, ya que ésta, al ser más larga, también es más variada. Las guitarras cumplen con creces (la instrumentación en general, hay unas flautas maravillosas), y los coros son francamente buenos, tanto por la letra (“Saddle your steed / we are riding tonight, / be ready to kill, don’t flee from a fight; / pillaging is in our blood, we bow to no one and no one at all!”), como por lo bien cantados que están. Poco después del tercer minuto, la instrumentación se apaga casi por completo (con la salvedad de parte de la orquesta, que va creciendo en variedad y fuerza), mientras se oye silbar una melodía que, a menos que me equivoque, se parece a “El bueno, el feo y el malo” de Morricone. Durante los siguientes minutos la orquesta y los silbidos se van turnando, o complementando, para seguir esta melodía, y la percusión acompaña nuevamente al narrador (mientras la melodía sigue) contando una historia que, junto con la música que la acompaña, parece sacada de una película de John Ford: “For a fleeting moment, eye meets eye. / Silent respect before an inevitable solution; / dead or alive, it’s all the same...”. En el sexto minuto vuelven a entrar las guitarras y la batería; primero las acompaña un banjo, o similar; luego otro solo de guitarra, tan bueno como el de “Heathen Throne”; y por último, nuevamente las estrofas épicas y el final espectacular con instrumentos que se apagan poco a poco.

Una melodía mucho más lenta y melancólica, e instrumentos más folclóricos, que van acelerando hasta tocar lo que parece una danza popular, dan comienzo a “Smoking Ruins”, en la que entran bruscamente las guitarras y la batería, y donde solo canta el coro de guerreros durante los primeros cuatro minutos, probablemente uno de las mejores bazas de este disco, porque funciona a la perfección. Después de la primera (y única) estrofa cantada a una sola voz, vuelven los instrumentos más populares, y con ellos el coro, que cierra la canción. Un segundo después, el mismo coro vuelve a protagonizar (de hecho, es el único protagonista, sin acompañamiento musical), de “Tumman Virran Taa”, un tema de menos de un minuto cantado íntegramente en noruego (así que como comprenderéis, me resulta incomprensible, y como en las críticas nunca recurro a procedimientos tan cobardes como buscar las traducciones de las letras... ya os lo contaré en los comentarios, si os interesa).

El último tema del disco es “The Longest Journey (Heathen Throne Part II)” que, junto con su predecesora (“Heathen Throne”), es una de las canciones más largas del disco, esta vez de casi 13 minutos (o sea, que es la más larga). Empieza con unas guitarras muy potentes, pero con un ritmo sosegado, que introducen, en el primer minuto, las estrofas cuasi guturales, pero que duran poco antes de abrir paso nuevamente a la orquesta, digna, tanto por ritmo como por composición de las bandas sonoras de El Señor de los Anillos o Piratas del Caribe, y a la que siguen nuevamente las guitarras épicas y unos magníficos coros. Llegando al cuarto minuto, se oye brevemente una flauta, a la que siguen en tromba los demás instrumentos, aunque esta vez entre ellos se oyen descollar algunos de la orquesta. Estrofas guturales, coros... y letras que hablan de batallas, sangre y destrucción, todo acompañado por instrumentos folclóricos y una orquesta increíble. Desde luego, no inventan nada, pero son un ejemplo de folk (concretamente, como ya he dicho, viking) metal en estado puro, y consiguen que la canción no se haga pesada en ningún momento. La orquesta toca el mismo tema que ha sonado en el corte inicial del álbum, y se va apagando lentamente, como ya ha hecho en varias canciones, para cerrar un disco que te deja (al menos a mí) con ganas de descolgar de la pared el montante de Conan y salir a cazar orcos.

Con esto, por hoy, me despido. En cuanto solucione mis problemillas informáticos, volveré a pleno rendimiento. Allez-y, mes ami!

Buenos noches, y buena suerte.

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LO MEJOR: “Tumman Virran Taa” suena increíble, aunque no sepamos ni qué significa... “Twilight Tavern” también es bestial, y además para mí tiene un encanto especial (simbólica y sentimentalmente), y “Stone Cold Metal” o “Smoking Ruins” son de los temas más interesantes del disco, aunque sin duda son las dos partes de “Heathen Throne” las que más merecen la pena.

LO PEOR: aunque no hay ninguna canción especialmente mala (quizás “Elusive Reaches”, o “From Afar”, sean las más flojas), el disco falla un poco en algún punto por lo repetitiva que es la fórmula de las guitarras bestiales y las voces destrozadas, a pesar de que no se hace pesado en ningún momento.

VALORACIÓN: 8,5/10. Sin duda, básico para cualquier persona a la que le guste el folk metal. Y si no te gusta mucho el estilo, pues al menos échale un vistazo, no decepciona, te lo aseguro.

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Ensiferum - Stone Cold Metal (cover del disco)

Ensiferum - Smoking Ruins (fotomontaje)

Ensiferum - Heathen Throne (fotomontaje)

Ensiferum - Tumman Virran Taa (letra y traducción)

Ensiferum - From Afar

Ensiferum - Twilight Tavern

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