martes, 28 de marzo de 2017

Anochecer en Waterloo: ¿Quién mató al rock?


Figura 1.1. Persona equivocada.

Si nos imaginamos al tipo de persona que diría, sin un rastro de sarcasmo en sus palabras, que "la música de hoy en día es una mierda, son sólo voces con mogollón de efectos y las escribe un ordenador", pensaremos en posiblemente un hombre, de una edad de entre 20 y 250 años, con barba descuidada y tal vez una camiseta de los Red Hot Chili Peppers, la del asterisco rojo seguramente (que se ha vendido mejor que cualquiera de sus últimos discos, estoy convencido). Esta persona, que está por todas partes en Internet y en la vida real, al parecer ha descubierto un secreto que las multinacionales musicales del mundo han intentado ocultar durante generaciones, y es que las inteligencias artificiales son ya capaces de reemplazar a un ser humano y engañar a millones de incautos. Casualmente, si sustituyéramos a esta persona por un ordenador (un Commodore 64 bastaría), nadie se daría cuenta tampoco.

Y no nos equivoquemos: el rock ha muerto. C'est fini. Kaputt. Etcétera, etcétera. El argumento con el que algunos soñadores contestarían es que "noooo, no ha muerto, sigue por ahí lo que pasa es que está ESCONDIDO". A lo que yo digo que muy bien, pero también hay gente haciendo rockabilly, doo-wop o música juglaresca con virtualmente la misma repercusión, y considero esos tres géneros igual de difuntos.

Estoy exagerando, pero no tanto como parece. Si echamos un ojo a las listas de singles más escuchados esta misma semana en Spotify, tanto a nivel global como a nivel ejpañol, el asombroso número de 0 es el que resulta. 0 de 50. Sí que está bien escondido.

Iba a decir que, por tanto, el rock es poco más o menos igual de importante que el country, pero esto también es falso. El álbum, reducto natural durante décadas del rock, no aporta mejores cifras. En la lista de los discos más vendidos de 2016 en Estados Unidos, hay que irse hasta el puesto 46 para encontrarse con Disturbed. Si Disturbed es la banda con mejores ventas del rock el año pasado, hay que tenerlos muy bien puestos para asegurar que el rock todavía tiene salvación. Por el contrario, el country tiene seis discos por delante, incluído uno el top 10.

Teóricamente el Reino Unido no tiene el "problema" endémico del country, lo que no evita que esta misma semana Alison Krauss y un grupo country con un nombre tan británico como Shires estén muy por delante del disco de rock más alto, que sería Elbow seguido de... "Rumours", de Fleetwood Mac, 40 años después.

Una lista más global nos presenta a nueva savia de la talla de Metallica, David Bowie y los Rolling Stones, una cosecha joven y con ganas de rockeros frescos que sin duda enamorarán a futuras generaciones.

"Pero pero pero, ¿desde cuándo se miden las cosas por su éxito comercial?". Básicamente desde que la gente empezó a necesitar dinero para comer. Una feísima costumbre, lo sé, pero es lo que hay. Si sólo se compran los discos de rock de aquellos que son ya multimillonarios o están muertos, es que el rock no le interesa a prácticamente nadie. Quién sabe, 2016 tal vez fuera un año particularmente malo, con tanta defunción obligando a la gente a comprar recopilatorios de los finados en lugar de los maravillosos álbumes que estaban a la venta.

En fin, ahora que tenemos una víctima, es hora de buscar culpables. Esto puede llevarme un rato.

La radio

 

Hubo una época en que la radio musical ofrecía variedad. Verdaderas luminarias musicales como John Peel eran capaces de propulsar carreras con programas que incluían actuaciones en directo de grupos que no habían siquiera pisado un estudio. Además, las emisoras universitarias se convirtieron en la cuna del rock alternativo, dando pie a grupos de futuro estrellato comercial como R.E.M.. No estoy seguro de si existió un equivalente en España, pero estoy seguro de que en la Movida había alguien montando una jarana similar.

Mi experiencia con la radio actual se limita a lo nacional, pero existen virtualmente dos tipos de cadenas: éxitos del momento, y basura para nostálgicos. Ya conocemos el problema con las primeras, y es que no hay éxitos rock así que para qué ponerlos. Las segundas adoptan una posición de superioridad a menudo vomitiva, propia del individuo que mencioné al principio, y en lugar de dar a conocer la música reciente que algunos ansían, prefieren contaminar el ambiente con música por lo general buena pero de la que se ha abusado hasta la saciedad. En el peor de los casos tendrán a un locutor trasnochado que contará batallitas de aquella vez que entrevistó a Bruce Springsteen en 1983.

La audiencia de unos 40 Principales son chavales jóvenes que no escuchan rock ni falta que les hace, y hacen bien; Rock FM es para los padres de esas personas que no quieren que salgan hasta tan tarde. Las batallas en los coches para sintonizar el dial por las mañanas son dignas de una película bélica.

Que esa es otra: la radio no se pone en las casas, sino en los coches. Está diseñada para ser un hilo musical, no para descubrir nada. Es una cosa que no va a cambiar, porque no va a obtener una audiencia que haga que merezca la pena ese cambio. Así que si no puedes descubrir bandas nuevas en el espectro radiofónico te vas a...

Internet

 

Internet es chachi, por lo general. Quiero decir, yo estoy aquí, e igual dentro de un mes diez personas que tal vez no conozca habrán leído esto, y de esas diez tal vez una piense que no soy imbécil. Es fascinante, de verdad.

Por desgracia, Internet tiene sus desventajas. La primera, desde el punto de vista de los "fans", es que es muy fácil rodearse de gente que piensa exactamente igual que tú y bloquear toda opinión disidente cual Kim Jong-un puesto de farlopa. Es una cámara de eco que no favorece mucho la ampliación de miras necesaria para encontrar algo nuevo e interesante; solo promueve el onanismo. Internet promueve el onanismo en general, dicho sea de paso.

Desde el punto de vista de los artistas, son una gota en el océano. Dar la sorpresa y salir del anonimato es virtualmente imposible: está la vía de Youtube y hacerse viral de alguna manera chusca y barata, o existe la posibilidad de subir la música a Bandcamp o similar y esperar que algún medio se haga eco intentando spamear a quien haga falta. En cualquier caso tiene que correr la voz, y si hay tan pocas voces como las listas de éxitos muestran, estás perdido.

El tercer problema sería, claro, la piratería, que en teoría afecta a todos los géneros por igual, así que no se aplica a nuestro caso. Aunque no ayuda, desde luego.

Para una banda de rock que quiera llegar a algún sitio, la única solución real es dar conciertos, dar conciertos, dar conciertos. A poder ser en festivales, donde la gente puede estar relativamente receptiva al descubrimiento musical. Algunos macroconciertos de rock, en cualquier caso, son igual de autófagos que las redes sociales, así que es tirarse a un pozo del que es difícil salir.

En resumidas cuentas, la posibilidad de una banda de rock creando un público hoy en día es tan remota que resulta irrisoria. Y si de alguna manera unos don nadie consiguen telonear a Metallica y hacerse un nombre, tendrán que lidiar con...

Las discográficas

 

El rock no vende. Invertir en él es suicida para una discográfica grande salvo que la banda en cuestión sea superestelar ya de por sí, y si ocurre la mitad de tus seguidores te guardará rencor por traicionar unos ideales que se ha inventado no se quién. La mentalidad onfalocéntrica del rock es bastante repugnante, y aunque todas las artistas lo suficientemente importantes tienen gente que siempre dirá "antes molaban más", en el rock es particularmente notorio.

Por suerte hay discográficas más pequeñas que ofrecen más libertades pero menos recursos. Obviamente esto significa que el alcance se reduce también, así que lo más probable es que sólo acaben comprando el disco los que ya te conocen.

El contrato discográfico es quizá el mayor responsable de la lamentable calidad del rock actual. El artista se compromete a lanzar X discos en Y años, sin importar en absoluto la inspiración que se pueda tener en el momento. Cierto que esto es igual para el resto de géneros, pero al rock le afecta más por varios motivos.

Primero porque esa obsesión que tienen los rockistas por la pureza y la autosuficiencia conlleva que la colaboración con personas externas a la banda es un pecado capital, una falta de respeto a la historia de la música, un "venderse". Si un grupo de rock no compone todas y cada una de sus propias canciones, son de mentira. Y si la discográfica les exige un disco, va a entrar lo que tengan por medio, indistintamente de su calidad. En el pop o el hip hop esto no sucede porque los discos están repletos de temas compuestos por compositores a sueldo (benditos sean) y de estrofas rapeadas por el colega de turno. Luego la calidad puede ir en desmedro, pero las canciones no son necesariamente resultado de una banda agotada y bajo presión.

Además el álbum, un artefacto tan típico del rock, es un concepto innecesario en estos días casi por completo. ¿Para qué saca una banda un disco? ¿Cuántas bandas hay que realmente tengan una visión que merezca cuarenta y cinco minutos? Como las meigas, haberlas haylas, pero son escasas. El medio de transmisión del pop es el single, que no aburre, tiene videoclip para la TV, y puede sonar en la radio. No es un mero modo de promoción como ocurre en el rock: "esta canción es la que está más o menos bien, ¡compra otras diez que son mucho peores!". En el hip hop, el álbum prospera porque los buenos MCs derrochan personalidad, vanguardismo y credibilidad hasta cierto punto; en otras palabras, existe una visión. El metal más aventurero o extremo es otro género donde el álbum goza de cierta calidad, aunque a las bandas les constriñe la intransigencia de aquellos pocos que les rinden culto. Los cantautores también son capaces de mantener el interés durante un rato, aunque el carácter introspectivo los haga a menudo demasiado solipsistas en comparación con el rapero promedio.

Como con todo, hay excepciones, pero o bien son ellos los que controlan cuándo lanzar un disco (como Radiohead), o no venden así que poco importa. En el rock el álbum es el producto principal; en el pop, a veces importa tan poco que ni se le da publicidad: Beyoncé llegó al número 1 con un disco que apareció de la noche a la mañana en la iTunes Store (claro, es Beyoncé, pero cuando U2 hizo algo parecido casi los corren a gorrazos...).

Así que si el álbum está obsoleto, ¿por qué no volver al single como hace el resto de los mortales (que no tocan country)? Mayormente porque el single no debe de dar el mismo dinero a la discográfica, así que los álbumes salen por obligación. Hay genios que hacen maravillas por obligación, y que con demasiada libertad se vuelven locos y aparecen por la puerta con un truñaco triple de dos horas y media. Excepciones, de nuevo.

En resumen, no hay bandas de rock nuevas, exitosas e interesantes porque si es nuevo, no vende; si vende, no es nuevo; si es interesante, ni vende ni es nuevo. O algo así. ¿Así que quién tiene la culpa?

 

Te pillamos. Bueno, no necesariamente a ti, me refiero al fan del rock en general. El que pone el grito en el cielo si Kanye West lleva una camiseta de Testament, el que protesta si Lady Gaga canta con Metallica, el que cree que Adam Lambert como vocalista de Queen va contranatura. Si los fans no quieren que el rock se abra y tenga éxito, si quieren vivir en su micromundo cerrado en el que no hay manera alguna de crear nuevas estrellas porque todo neófito es recibido de manera hostil, es completamente imposible que el rock se recupere. No quiero ser más polémico de la cuenta, pero es un género retrógrado, lo opuesto total al progreso. El mayor enemigo del rock es la cultura del rock, que hace ascos a todo aquel que intente sobrepasar las fronteras. Es triste, porque solía ser todo lo contrario: algo que todos intentaban sacar a la superficie, algo que se expandía y bebía de todas las influencias, algo que aceptaba a todos. No sé quién es el responsable: los punks y su desprecio al pasado, los metaleros y su visión de túnel, Limp Bizkit o el concierto de Altamont. Pero el rock como artefacto cultural está muerto, y viendo el percal, casi que me alegro.

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